prensa Raúl Zibechi
 

Titulo: La búsqueda eterna de un mundo más justo
Autor: Raúl Zibechi
Fecha: 24 de Agosto de 2013
Fuente: Revista Ñ


Raúl Zibechi, activista y pensador uruguayo presentó un libro que escribió junto a Michael Hardt. Allí traza un mapa latinoamericano con luchas inconclusas y prolongadas.


Como consecuencia del modelo imperante que deja a una parte de la población afuera estamos entrando a una nueva etapa de la conflictividad social, entiende el pensador y activista uruguayo Raúl Zibechi, a propósito de su paso por la ciudad de Buenos Aires para presentar su último trabajo Preservar y compartir, bienes comunes y movimientos sociales (Mardulce). En estas páginas, en las que dialoga con el filósofo estadounidense Michael Hardt (autor de Imperio con Toni Negri), profundiza en el rol de los gobiernos progresistas, observa las transformaciones globales frente a la emergencia de China y Brasil como potencias, y presta especial atención a los movimientos sociales en cuanto posibilitadores de un viraje hacía un mundo más justo. En la medida en que “la gente no sólo reclama sino que construye sociabilidades, y no espera todo del Estado”. Gérmenes de lucha que emergen como rechazo al modo de producción extractivista que “expulsa a la gente del campo, generando desigualdad y bolsones de pobreza en la ciudad”.

En América Latina y en el mundo, reflexiona el escritor y periodista, “hay varios ejes de conflicto, algunos con mayor visibilidad: la minería está siendo contestada de manera global, desde Patagonia hasta México, desde Perú a Estados Unidos. Por otro lado, comienza a haber un fuerte rechazo a los monocultivos, por los efectos de la contaminación, y a vislumbrarse lo que Enrique Viale (abogado ambientalista) conceptualiza como ‘extractivismo urbano’, una disputa por el espacio con objetivos de especulación que comienza a aparecer en la ciudad”.

En ese sentido, ¿qué posición deberían establecer los movimientos emancipatorios o antisistémicos frente al Estado?

Tienen necesariamente una doble dinámica que jugar. Una de demanda, de exigencia a que el Estado cumpla, y otra de construcción de aquello que éste nunca les va a dar. Al generar desde un comedor, una salita sanitaria o un centro cultural y educativo, los movimientos garantizan que todo tenga un sello propio, con elementos de horizontalidad y estructuras menos jerárquicas o burocráticas. Una impronta que es en parte lo que hay, pero también es lo nuevo. Porque no todo lo que existe es un desastre. Obviamente esta particularidad se logra si es un movimiento verdaderamente emancipatorio y no puesto en función de satisfacer a los llamados ‘punteros’. Porque si algo aprendió el poder es a clonar movimientos. Por eso sólo a través de las prácticas es posible distinguir si es verdaderamente emancipatorio o está creado desde el Estado. La importancia de arraigarse en el territorio de la forma más autónoma posible y el hecho de empezar a resolver los problemas sin esperar que lo resuelvan otros es el gran aporte de los movimientos indigenistas y del zapatismo en particular. Es decir, si el Estado aporta los recursos mejor, pero no se puede establecer relaciones de dependencia.

En esa dinámica, ¿cuál debería ser el papel del científico social o intelectual?

A mí me da mucha alegría cuando voy a los barrios y veo a los jóvenes universitarios elaborar teoría en conjunto con los propios actores, eso enriquece al movimiento pero también a los profesionales. Si es que hay intercambio y comunicación desde un lugar de igualdad. La elaboración de la teoría social no puede estar despegada de los sujetos, necesariamente tiene que estar muy ligada.

¿A qué conclusiones arriba cuando observa el mapa de América Latina en relación a sus gobiernos progresistas, que tal como usted entiende, no logran romper con los modelos que generan desigualdad social?

Yo creo que la diferencia entre un gobierno progresista y otro conservador se ha achicado. A mí me gusta establecer dos genealogías: una la de los gobiernos en los que a partir del conflicto social el sistema de partidos políticos se rompió, como en Venezuela o Bolivia; y otra de los países donde el sistema de partidos se mantuvo como en Uruguay y Brasil. Argentina es un caso intermedio pero últimamente más parecido a estos dos últimos: el sistema de partidos crujió pero no se rompió. Aunque si uno toma lo discursivo como variable de análisis, pareciera que hubiera cierta similitud entre los gobiernos que abusan del discurso como el de Argentina y el de Bolivia, donde hay una fuerte apuesta a una construcción discursiva muy frontal, pero en los hechos no son tan radicales. En fin, creo que los gobiernos que hablan mucho, hacen poco. Hay un cambio en la región que requiere empezar a leer no sólo los discursos.

¿Y en esa lectura dónde ubicaría a Brasil?

Brasil es un país muy potente, es la sexta economía del mundo y va a pasar a ser la quinta en poco tiempo. El gobierno es muy suave discursivamente pero es el país que marca la agenda de la región, y el que tiene un conflicto de fondo con los Estados Unidos. Todos son gobiernos extractivistas pero yo creo que en este momento, al no estar Hugo Chávez, el eje del discurso anti Estados Unidos, el lugar como referente de los gobiernos latinoamericanos, tiende a ocuparlo Lula. La diplomacia brasileña ya jugaba y está jugando un papel fundamental en la región.

Frente a la consolidación de Brasil y en un mundo multilateral ¿qué relación es posible esperar entre ambos países?

Brasil y Argentina históricamente estuvieron en competencia y aunque en los últimos veinte años, Brasil es la potencia (con una distancia sideral con Argentina) necesita de una alianza estratégica con ese país para traccionar y estabilizar a la región. Y si tanto las elites brasileñas, que son bastante estables, como las argentinas, que son bastante inestables, marchan tendríamos una alianza consolidada en donde podría haber complementaridad a nivel industrial y productivo. La Unión Europea se formó a partir de una complementaridad productiva y social, donde los países más ricos transferían recursos a los más pobres. Uno de los grandes problemas de la región es que los países compiten con los mismos productos en los mismos mercados: Brasil, igual que Argentina, son grandes exportadores de soja y carne.

Usted acentúa que la democracia como sistema representativo está agotado, ¿dónde encuentra actualmente mecanismos de expresión alternativos?

Entiendo que es necesario instrumentar nuevas formas de poder, con capacidad resolutiva en los más diversos espacios. ¿Qué hubiera pasado si las asambleas de 2001 se hubieran estabilizado y hubieran terminado siendo órganos que pudieran decidir sobre la política minera? Hoy se disolvieron pero la gente se sigue movilizando. Si uno observa las últimas marchas acontecidas en Buenos Aires en términos de derecha –izquierda, gobierno– oposición se pierde muchas cosas. Cuando la gente sale a reclamar que no puede comprar dólares, uno dice, ‘sí, es una reivindicación de los pudientes’, pero se olvida de que eso legitima que también los no pudientes puedan hacer lo mismo. Cuando a la cacerola la sacan todos los sectores sociales es que está legitimada la protesta. Creo que los argentinos se mueven y entiendo que en el mediano plazo vamos hacía una aceleración de la política local. Tiendo a pensar que hay un agravamiento de la deslegitimización de los gobernantes. Pero no sabemos qué fuerza va a tener, porque todavía no se manifestó.

 

Titulo: Recuperar el orden cósmico
Autor: Pablo Milani
Fecha: 28 de Mayo de 2013
Fuente: Revista Damasco


Los autores hacen un extracto sobre las dificultades del capitalismo reinante contra las funcionalidades que se desarrollan en las periferias de América Latina. Preservar y compartir (Mardulce) de Raúl Zibechi (Uruguay,1952), Michael Hardt (EE UU,1960), dialogan durante este ensayo político desde una perspectiva militante y duradera. Hoy la democracia funciona como muletilla para justificar nuevos medios de dominación. Por un lado, el advenimiento del capitalismo sin fronteras instaló una cultura hegemónica de índole patriarcal y esto afecta básicamente a los países de la periferia que dependen para su supervivencia de la producción incesante de materia prima. “La extracción empobrece a los países productores y enriquece a las multinacionales”, y por el otro la sociedad oficial, de herencia colonial, no esta dispuesta a perder terreno como tradición. Este patriarcado hegemónico afecta en su mayoría a indios, mujeres y mestizos. América Latina no funciona como única sociedad, sino más bien como penumbras desde fronteras difusas o inexistentes. Aunque para resolver los problemas de hoy es necesaria una mutación que establezca relaciones complementarias entre las personas y su relación con un capitalismo más armónico, la única salida promueve un nuevo hallazgo, moverse del sitio donde estamos. “Movernos es dejar de ser lo que éramos cuando no nos movíamos”. Preservar y compartir apunta a tomar conciencia frente a la descomposición del sistema actual. Se vive sobre una acumulación de presión y ese estado crea dispositivos como alarmas todavía mayores que enfrentan marcas que vuelven hacia la sociedad en forma de estallido o grandes protestas contra un capitalismo que empobrece y margina cada vez más. Esta obra propone la revolución como camino, pero una revolución que pretenda equilibrar lo que se ha desequilibrado. “La intención no obedece a la voluntad de crear un mundo nuevo, sino la de recuperar un mundo perdido. No bajo un orden estatal, sino cósmico”.

 

Titulo: Raúl Zibechi: “La democracia internacional es una tapadera de las multinacionales"
Autor: Pablo Milani
Fecha: 28 de Mayo de 2013
Fuente: Revista Damasco


Raúl Zibechi es escritor, periodista y activista. Nació en Uruguay en 1952 y está dedicado al análisis de los movimientos sociales en América Latina. Este análisis lo llevó a afirmar que tiene notables diferencias con las sociedades de los países centrales, dado que los sectores estudiados, indígenas, campesinos y clases populares urbanas, viven de otro modo. En estos territorios predominan prácticas y relaciones sociales no capitalistas, a diferencia de la sociedad hegemónica. En su reciente libro, Preservar y compartir (Mardulce 2012), en co-autoría con Michael Hardt, nos cuenta su visión del mundo.

Si el capitalismo es la única opción hasta ahora, ¿cuáles son los elementos de contención que están dificultando una nueva alternativa?

La enorme concentración de poder. El capitalismo hoy es un sistema enormemente concentrado en la cúpula, en la clase dominante, como nunca en su historia. Entonces vencer ese poder tan concentrado es muy difícil, porque es un blindaje muy potente. No digo que no se pueda. Se hizo, se hace y se seguirá haciendo. Por eso creo que si no hay un terremoto político-social va a ser difícil que podamos volver a ser quienes fuimos tanto tiempo.


América Latina puede servir sólo de inspiración para los países del Norte.

Hay dos sociedades en América Latina. Una es la sociedad oficial, hegemónica, de herencia colonial, y la otra es la que proviene de áreas remotas rurales con otros modos de organización. Las relaciones sociales no capitalistas, funcionan como una sociedad fragmentaria que sólo se ve cuando se pone en movimiento.

Preservar y compartir

¿Cuál creés que sean los puentes de comunicación entre esas dos vertientes en nuestra sociedad?

No siempre hay puentes de comunicación, incluso dentro de los países. Hay culturas, hay clases. Lo que creo que sí es importante son los vínculos horizontales entre diversos sectores sociales. Por ejemplo, las clases dominantes de Argentina tienen vínculos con las clases dominantes uruguayas y tienen sus lugares como Punta del Este donde se juntan y así socializan. Pero las clases populares, paraguayas, bolivianas, argentinas, tienen vínculos horizontales. Esos vínculos entre sectores sociales, me parece que son muy importantes porque ayudan a conformar sujetos mucho más ricos a medida que aprenden de las experiencias de uno. A veces son más profundos que los vínculos entre estados.

Con respecto al movimiento de los Derechos Humanos en Argentina, ¿qué opinas de que una institución como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo haya dejado de ser una organización no gubernamental para a aliarse al actual gobierno?

Yo creo que las personas y los movimientos tienen ciclos. Madres fue una organización muy importante en la Argentina desde que nació hasta principios del 2000. Madres ha jugado un papel clave el 20 de diciembre de 2001 cuando fueron a la Plaza. Lo que pasa es que todo tiene su ciclo y las Madres, de alguna manera, fueron institucionalizadas por el kirchnerismo y lo que queda hoy son personas de esa corriente que mantienen una actitud crítica, como Nora Cortiñas. Y eso es lo que pasa. Parece que hay un ciclo en el nacimiento rebelde, crecimiento y después estancamiento e institucionalización. Y ese es el ciclo. Yo no las voy a criticar, puedo decir que no comparto lo que están haciendo hoy. Me parece que forma parte de un ciclo natural, ellas encuentran ahí un lugar de participación, de contención, que nunca habían tenido. Tienen que hacer esa experiencia.

Desde esa experiencia, ¿cuál es el eslabón perdido de la democracia?

Yo estoy en contra de la democracia. O esto que se llama democracia. Hay un ejercicio muy curioso en todos los países de nuestra región. No estoy culpando a la democracia. Lo que pasa es que se ha convertido en un sistema electoral que tiene legitimidad porque la gente cree que elige a sus gobernantes y en la realidad es un sistema oligárquico, en la cual vos no podés elegir ni el modelo económico, ni el judicial, ni nada. A mí me gustaría una democracia real, en la cual todo esté en cuestión, no sólo quién está en la presidencia y los senadores y diputados, sino todo el entramado que hay, que hoy es mucho más poderoso. Ahora, eso no se puede elegir todo en una votación. Es un sistema mucho más complejo porque la sociedad se ha complejizado mucho. Hoy la democracia internacional es una tapadera de las multinacionales y de los poderes globales. Entonces hay que trascender la democracia electoral. Eso no quiere decir que no haya elecciones, eso quiere decir que tiene que haber una democracia de verdad.

¿Y cómo debería ser?

Bueno, lo que pasa es que una democracia de verdad es aquella en la cual sujetos autónomos, individuales y colectivos, puedan determinar decidir su vida. Y además hay aquí una discusión más profunda y es si en una ciudad de 10 o 15 millones de habitantes pueden ser gobernadas democráticamente. A mí me parece que la estructura demográfica física de la sociedad dificulta la democratización. Eso termina condicionando lo que es la democracia. Lo que ha pasado es que la magnitud ha paralizó a la democracia. Todos sabemos que elijamos a quien elijamos para gobernar, la ciudad de Buenos Aires, por poner un ejemplo, va a ser un caos, con Metrobús o sin Metrobús, con subte o sin subte. No creo que delegando el poder y modificando la estructura o quién esté en la cabeza del poder se pueda cambiar algo, no por una cuestión ideológica. La historia reciente me demuestra que es así, y eso es un tema para pensar y reflexionar.


Cuando una revolución mira al pasado, busca recuperar su armonía perdida. Pretende equilibrar lo que se ha desequilibrado. La intención no obedece a la voluntad de crear un mundo nuevo, sino la de recuperar un mundo perdido. No bajo un orden estatal, sino cósmico. La revolución no crea nada nuevo, sino que es el parto de algo que existe en germen.

Preservar y compartir – fragmento

Luego de la catástrofe por las inundaciones que hemos vivido en Semana Santa en Buenos Aires. ¿Qué pensas de la impresionante ayuda solidaria que hubo por afuera del Estado?

Siempre pasa eso, inclusive en el primer mundo. Cuando hay catástrofes de esas el Estado es desbordado. Si no hubiera sido por la solidaridad y la ayuda mutua entre la gente, todavía estarían ahí inundados. Lo que acá hay que discutir no es el episodio, sino el camino. ¿Cómo vamos a resolver esto? Porque si realmente en los momentos críticos, lo que funciona no es el Estado, sino la ayuda entre la gente. ¿Para qué queremos al Estado? Parecería que, cuando hay vínculos importantes y cuando pasa algo grave, son esos vínculos los que resuelven y los que salvan. Tomemos esos vínculos como base para reconstruir la sociedad, ahí estaríamos en otro lugar. No pensarán a partir de las elecciones, de quién es el jefe, de quién es el partido. Sino que pensarán en la importancia de esos vínculos como clave de supervivencia de la humanidad, porque esto se va a repetir muchas veces. Acá lo que hay es un creciente empobrecimiento de la gente y cada vez esperan menos que les resuelvan. La gente mira cada vez menos para arriba y mira más para el costado, en horizontal.