prensa Aboud Saeed
 

Titulo: Escribir en el muro
Autor: Miguel Zeballos
Fecha: 15 de Julio de 2014
Fuente: Revista Veintitrés


Hasta la aparición de Facebook, la idea de escribir en los muros estaba destinada a las paredes reales. Esas acciones, a veces infantiles, a veces románticas, tenían como destino llevar a la práctica algo que Artaud manifestaba así: “Salir afuera / para sacudir / para atacar / a la conciencia pública / si no / ¿para qué sirve? / ¿Y para qué nació?”.

El advenimiento de las redes sociales trajo consigo infinidad de características negativas –tantas que no alcanzaría esta breve reseña para mencionarlas–. Sin embargo, y a pesar de su ególatra fachada, Yo, el más inteligente de Facebook: Una crónica de la revolución siria, de Aboud Saeed (1983), está lejos de colaborar con la pedantería a la que su propio texto en muchos fragmentos hace caso. De hecho, desde un lugar absolutamente honesto, declara en el principio:

“Voy a escribir sobre lo primero que me venga a la mente / sobre el vacío / que me convirtió en un seudo poeta.
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Herrero, soldador, habitante de una casa de ocho hermanos, la ironía de Saeed se atrapa rápidamente, y eso es bueno y malo a la vez. Luego, con el transcurrir de las páginas, su poesía o prosa fragmentaria se vuelve cada vez más bardera, y de esa insolencia literaria se caen por suerte las máscaras de la seguridad: “No valgo un centavo, y voy a asegurarme de que ese precio se mantenga estable (…)

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Sobre el final, su cinismo traspasa lo recalcitrante y a la vez nos deja un pantallazo fuera de su mundo computarizado: “Mucho peor que la masacre es esta insustancial pena electrónica.
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Titulo: Desde Siria, desde Facebook
Autor: Adrián Savino
Fecha: 09 de Junio de 2014
Fuente: La voz del interior, Ciudad X


El mercado editorial ya ha probado largamente, a estas alturas, el pasaje de los sucesivos fenómenos de Internet al formato libro. Si en un principio fueron los e-mails y el chat, y luego fue el turno de los blogs, hoy les toca a las redes sociales. En el caso particular de Facebook, la Argentina ofrece el ejemplo del usuario conocido como Pibe Trosko, que con sus posteos de humor político alcanzó la notoriedad suficiente como para tener su oportunidad en el papel.

De la convulsionada Siria, en cambio, nos llega Yo, el más inteligente de Facebook, una propuesta más difícil de clasificar. Su autor se llama (o dice llamarse) Aboud Saeed, se autoproclama “el más inteligente de Facebook”, y su libro se compone mayoritariamente de una serie de actualizaciones de estado seguidas por sus respectivos “gusteos”. La edición se completa con dos epílogos: un texto de Gabriela Massuh que brinda una precisa contextualización de los escritos de Saeed, y por último una entrevista al autor.

Aún cuando Saeed recurra con frecuencia a cierto distanciamiento irónico, sus textos no dejan de responder a la imagen que sugiere una lectura directa y sin segundas intenciones: un facebookero que trabaja en un taller de herrería, y se las arregla para contar su vida diaria en una ciudad del interior de un país en guerra.

“No valgo un centavo, y por eso soy feliz”, afirma Saeed, y se torna difícil no creerle. Lo mismo cuando asegura no haber planeado lo que hoy sucede con sus escritos. ¿O no nos pasa algo similar a tantos usuarios de Internet ante la avalancha de prestaciones que la red pone a nuestra disposición? Vamos sirviéndonos de ellas sin mensurar lo que tenemos entre manos, y así es como nos precipitamos a papelones de variable calibre.

Aboud Saeed sería, entonces, un facebookero que se la pasa bordeando el papelón pero nunca termina de caer. Es más, se diría que son sus propios posteos (única evidencia de su estar en el mundo) los que lo salvan. Porque en la suma de sus cotidianas viñetas, confesiones y pequeñas anécdotas de los años 2012 y 2013, lo que Saeed parece dejar claro es más bien otro papelón que de todos modos lo incluye: el del aquí y el ahora que le toca vivir. Y la identificación de cientos o miles de lectores no sirios con sus textos (sea en la pantalla o en el papel) no ha de ser pura coincidencia.

 

Titulo: Contra el triunfo de la muerte
Autor: Francisco Ali-Brouchoud
Fecha: 05 de Febrero de 2014
Fuente: Revista Otra Parte


La primavera llegó a Siria en enero de 2011. La flor más esperada, el fin del régimen y la renuncia del presidente Bashar al-Assad, en el poder desde 2000, tras suceder a su padre, Hafez al-Assad, quien ejerció el poder durante veintinueve años.

Las protestas comenzaron en Damasco y se fueron extendiendo a otras ciudades. Los partidarios de Assad también realizaron marchas multitudinarias. Las manifestaciones empezaron a sufrir ataques de bandas armadas no identificadas, que denunciaron tanto el gobierno como los opositores. La represión se incrementó en represalia por los asesinatos de policías y soldados. En abril de 2011 el gobierno empezó a valerse del ejército para aplastar las protestas. La oposición, representada por el Consejo Nacional Sirio, produjo rápidamente una rama paramilitar, el denominado Ejército Libre Sirio, conformado por desertores del ejército oficial, ciudadanos comunes y mercenarios de diversos países, sobre todo libios. Esta fuerza nunca hubiera podido prosperar sin una ayuda externa que en forma de armas llegó desde Arabia Saudita y Qatar. Turquía proporcionó las bases; Estados Unidos, Israel y el Reino Unido, fondos, comunicaciones e inteligencia. Assad, por su parte, no hubiera podido sobrevivir sin el apoyo de Rusia, China, Irán y el Hezbollá libanés.

Demasiados jugadores en un mismo tablero, señal inequívoca de que se disputa mucho más que la caída de un régimen brutal. Este amor por la expansión de la democracia logró que Estados Unidos volviera a reclutar salafistas como tropas de terreno y que resucitara Al Qaeda: de los trescientos grupos armados que combaten en Siria, más de setenta y cinco son parte del franchising de Osama bin Laden, y ahora además se dedican a masacrar a los rebeldes sirios no integristas. La rebelión mutó en guerra civil y proxy war múltiple y sin guantes. Las consecuencias: cerca de ciento veinte mil muertos entre civiles, fuerzas gubernamentales y opositores armados.

¿Puede florecer la literatura en un país desquiciado y sin esperanzas? Sí, puede, y además, usando como plataforma Facebook, la “red social” epítome de la vacuidad contemporánea. El principio activo de esta notable experiencia se llama Aboud Saeed, tiene treinta años, y un cinismo negro y profundo como herramienta de supervivencia y sustentación de un yo que, asediado por el Triunfo de la Muerte en el exterior, emplea la vanitas en el interior de su casa y su conciencia para defenderse y continuar con los asuntos de su existencia. El intento está plasmado en el libro Yo, el más inteligente de Facebook, publicado en 2013 en Berlín y también en Buenos Aires por Mardulce.

Saeed lleva al paroxismo la lógica interna de la falsa socialidad de Facebook, construyendo un narrador que tiene algo de psicópata: se jacta, maltrata a todos y por eso mismo seduce y gana “amigos”. Actúa como un obsesivo de la escritura y de Facebook, pero su adicción está puesta al servicio de la disrupción de la etiqueta y los mecanismos de “reciprocidad” de la red social desde un solipsismo innegociable. Es decir, se constituye como centro que sólo emite y se reserva el derecho de interactuar con otros únicamente cuando él lo decide y en sus propios términos. Les dice a sus “amigos” lo imbéciles que son por contar sus vidas a todos mientras él cuenta la suya como una ficción movediza y arrogante, despliega una pose de pobreza material e intelectual, que no vacila en contradecir en el siguiente posteo, y se burla de los dispositivos sacros de todo facebookero, como el “muro”, los “me gusta” y la “actualización de estado”, al tiempo que está tan pendiente de ellos como los otros usuarios. Ataca así el núcleo mismo de lo que mueve a millones a informar al mundo sobre las nimiedades de sus vidas privadas desde una identidad disuelta, intercambiable, reversible, característica de la vida electrónica. Sus posteos pueden ser kitsch o leerse como haikus.

Los occidentales biempensantes, sobre todo en el hemisferio norte, suelen entusiasmarse cuando hallan a alguien que encaja en la figura del luchador por la libertad de expresión y que, gracias a las tecnologías de la comunicación, logra emitir sus mensajes pese a las condiciones opresivas que lo cercan. Por eso la presentación editorial de Aboud Saeed como un “herrero” que vive en un “poblado sirio” tiene algo de marketing: Saeed fue a la universidad, su familia es propietaria del taller donde trabaja y Manbij es una ciudad de cien mil habitantes, que aunque tenga “casas bajas”, integra un distrito populoso del mismo nombre, en el que viven casi quinientas mil personas. Pero Aboud Saeed no es de esas celebridades que se alojan en las portadas y las buenas conciencias, como Malala Yousafzai, la niña pakistaní, o Yoani Sánchez, la bloguera cubana. Y tiene el equipamiento cultural necesario para producir lo que Roland Barthes llama un texto de goce, en su enunciación y en relación con el medio en el que escribe.

Saeed se resiste a ser tomado como símbolo de la “revolución” siria e incurre en ejercicios peligrosos en su país, aun en Facebook, como reírse de los integristas y del Islam, llamar dictador a Bashar al-Assad y no dejar nada sin escupir: su propósito es erigirse en el espíritu mismo de la contradicción, reflejando las condiciones del presente en su país, y en todos los demás, y que la guerra sólo hace más visibles y más miserables y dolorosas.

 

Titulo: Yo, el más inteligente de Facebook
Autor: Gaizka Ramón Melendo
Fecha: 05 de Febrero de 2014
Fuente: Revista Vísperas


Hay una guerra civil en Siria. Hay un joven “no escritor” que escribe en Siria. Hay una serie de discusiones en torno a la literatura en Internet. Y hay un librito que problematiza todo ello: Yo, el más inteligente de Facebook. Aboud Saeed, su autor, nace en 1983. En octubre de 2013 lo publica la editorial Mardulce, y ahora lo reseño yo.

Mientras las bombas caen se le pueden ocurrir a uno grandes metáforas. Bajo esa devastadora premisa parece operar el libro de Saeed, un mecánico sirio que, en los albores del conflicto armado contra el régimen de Bashar Al-Assad, decide abrirse una cuenta de Facebook. Es diciembre de 2011, y la red social ideada en su día por un hormonado gringo universitario sirve en Oriente Medio como ventana al mundo, como máscara de oxígeno, como micro abierto al que subir para condenar a un gobierno tiránico o, simplemente, para hacerle el más rotundo vacío. La oportunidad es demasiado buena para desperdiciarla: de inmediato desarrolla Saeed una suerte de adicción al Facebook (adicción que para sus seguidores es, valga la polisemia, una suerte). De ahí surgen centenares de amigos virtuales y centenares de trasnochadas entradas en Facebook, entradas (o posts, para los anglófilos) que este peculiar evento editorial argentino, a la zaga de una publicación previa en Alemania, se toma el tiempo de seleccionar, traducir y lanzar al mercado.

Como su título indica, hay muchísimo de Saeed en el libro de Saeed. A cualquier hora del día, y a menudo a altas horas de la madrugada, Saeed escribe para sus seguidores en Facebook. Escribe de chicas guapas y para las chicas guapas, delinea las sombras de crisis en su propia familia, poetiza su acérrima adicción a los cigarrillos, su devoción a Internet, su desprecio de la llamada alta cultura, su hastío frente a la religión y, sobre todo, acicala de mil maneras su descarada egolatría. Por el camino siembra, además de miles de “me gusta”, varias ideas jugosas.

En primer término, el libro de Aboud Saeed es un grito de reafirmación del yo. Del de Saeed, claro, como buen ególatra que es. Aunque también, por extensión, del de cualquier ciudadano sirio que sienta su autonomía vital eclipsada por la coyuntura sociopolítica. En ese sentido puede verse el libro de Saeed como representativo de una nueva realidad: la represión de ideas en la época digital, un contexto en el que lo virtual ofrece al mismo tiempo la posibilidad de acción y la de escapismo. “Aquí se puede putear al gobierno como se te canta, ¿no es así?”, se alegran unos en los posts de Saeed. Otros, esperanzados sólo con que la virtualidad les sea una pausa de la asfixia cotidiana, se preguntan: “¿Habrá menos muerte en el Twitter?”. Huelga explayarse, pues, sobre por qué Internet es el eje central de esta nueva realidad para muchos sirios. En las entradas de Saeed se percibe ya no el arraigo a lo virtual, sino casi la superación de lo virtual frente a lo real. “Te quiero. Solamente cuando estás online” o “Mañana mismo voy a buscar en Google la más bella historia de amor para vivirla después” bien pueden leerse como pequeños himnos al nativo digital, a todo aquél que, como Saeed, siente por instantes que el mundo dentro de una pantalla de ordenador es tan válido como el de afuera, y desde luego más apacible. Lo polémico de ese escapismo hacia lo virtual, cuidado, no se le escapa al autor. En uno de sus versos más tristes, advierte: “Mucho peor que la masacre es esta insustancial pena electrónica”.

Sí, el lector cuidadoso habrá notado que me permito otorgarles a entradas de Facebook el título de versos. No pase más tiempo en revelarse que uno de los puntos que Yo, el más inteligente de Facebook pone sobre una de las íes es la cuestión del estatus de la literatura online. Que una serie de entradas de Facebook se hayan publicado en papel en una editorial como Mardulce, y que para más inri no se dude en atribuirles la valía de la mejor prosa y poesía, no es ninguna minucia. Es una apuesta editorial admirable, que habla de los prejuicios reaccionarios en contra del texto producido en ciertas plataformas de Internet y los pone en jaque. No deja de ser fascinante, sin embargo, que incluso dentro del mismo libro se hallen vestigios de ese radical desprestigio de Facebook. En una de las dos piezas anexas al final, que hacen las veces de aparato crítico a los textos de Saeed (y chapó por ese apoyo, magnífico y necesario), la académica Gabriela Massuh alude a la “banalidad por antonomasia que hoy caracteriza a las redes” y a la “pandémica cursilería a la que obliga Facebook apenas se traspasa su umbral”, presentando así a Saeed como la excepción que confirma la regla. No atañe a esta reseña una discusión de envergadura sobre el tema, que se viene tratando desde hace rato y revela una cantidad despampanante de posturas infundadas. Es obvio que en Facebook no impera la literatura; pero tampoco las parejas por la calle ni los camareros del Bulli hablan en cuaderna vía. La literatura está donde están sus seguidores, y en Facebook hay unos cuantos.

En resumidas cuentas, Yo, el más inteligente de Facebook, breve compendio de destellos nacidos en Facebook, es un libro novedoso. Novedoso porque está escrito por un tipo que rompe el paradigma habitual al crear su figura de autor primera y fundamentalmente a través de las redes sociales. Novedoso porque rompe con los estigmas contra la literatura online. Novedoso porque desafía las fronteras entre la literatura y el periodismo. Novedoso porque conecta al lector en español con un escritor en árabe sirio de radical actualidad.

Concluyo, pero no antes sin equilibrar un pelín la balanza (permítase, entre tanto elogio, meter un poco de cizaña). Yendo al grano: el lector que busque información exhaustiva y/o fresca sobre Siria podrá hallar mejores fuentes. En ese sentido, sí, que el libro se subtitule Una crónica de la revolución siria me parece colgarle un galón que ni merece del todo ni requiere. Me quedo con pelos en la lengua si no digo que Aboud Saeed está lejos de ser un activista online como los que sobresalieron durante la Primavera Árabe. Las cien páginas que recogen sus ideas son un meritorio juego personal y lingüístico, pero no un análisis político cabal. Tampoco estamos, en mi opinión, ante lo que Massuh estima “la reflexión sobre el alcance y el significado de las redes sociales de mayor agudeza que se haya realizado hasta el momento”.

Engreído, paradójico, mujeriego, frívolo, Saeed parece en ocasiones un adolescente en plena edad del pavo. Pero uno que escribe endiabladamente bien. Y cuando menos por eso vale la pena.

 

Titulo: La isla libre de Aboud Saeed
Autor: Laura Koppenhoffer
Fecha: 23 de Noviembre de 2013
Fuente: Revista Ñ, Clarín


Desde hace más de tres años el régimen sirio está en guerra con su propio pueblo. Las noticias que llegan desde allí sólo hablan de violencia, desolación, muerte y destrucción. En medio de ese panorama desolador y complejo, sobre cuya resolución todo el mundo se interroga acerca de cómo se puede salir y qué va a quedar después, un joven de treinta años escribe en Facebook como quien abre una ventana al mundo y cuenta, desde un pueblo perdido al norte de Alepo, sobre sus amores, su madre, sus vecinos y también, por supuesto, sobre la guerra.

Se llama Aboud Saeed y se ha propuesto contar “lo primero que se me viene a la cabeza.” El resultado es Yo, el más inteligente de Facebook, un libro desopilante y conmovedor.

Puede decirse que Saeed es un producto de esa paradójica libertad que impone la guerra, cuando el tirano está más ocupado en ganarla que en controlar a los habitantes. Saeed usa esa libertad, hace dos años impensable, como un lujo. Y ese lujo dio a luz un artista, un escritor de extraña belleza e insólita contemporaneidad.

9 de mayo de 2012, 12:25 hs
A pesar de la guerra civil: Mientras mi madre y yo nos dedicamos a fumar, le digo: “Madre: hay que inhalar con fuerza, hasta el fondo, hasta que sientas que el humo hace piruetas dentro de tu corazón.” Entonces mi madre inhala y se ríe feliz.

A 210 personas les gusta esto Sus posts están llenos de sexo y rocanrol, de humor y sagacidad. Sus miles de amigos de Facebook (entre los que se cuenta lo más granado de medio artístico e intelectual del mundo árabe) los festejan a diario.

Una de sus amigas electrónicas, la alemana Sandra Hetzl, traductora del árabe, decidió editar la producción de Aboud y darla a conocer a un público más amplio. Así fue como publicó, en alemán y exclusivamente en formato epub, el primer libro escrito en Facebook. Los textos de Aboud le habían llamado la atención por “su perspectiva doble sobre la vida, desde dentro y fuera.” El libro era la vía para visualizar todo eso. “Visualizar una cosa linda para otros, que no pueden verla, eso es la misión de un traductor.” La Argentina es el segundo país en el que se publica el libro después de Alemania. El traductor es Eduardo Vetere, un joven economista de raíces sirias que estudió árabe en Damasco y cuya familia vive en la Argentina desde hace tres generaciones. Vetere no oculta su fascinación por Aboud Saeed: “No puedo ubicarlo en la sociedad siria porque no entra en ningún estereotipo.” El estilo de escritura de Aboud lo sorprende. En árabe, donde hay prácticamente dos lenguas (la hablada y la escrita), Aboud contamina el lenguaje literario con expresiones del habla cotidiana, hecho que es al parecer absolutamente novedoso. “El uso de las palabras vulgares, los insultos, es muy poco común en la literatura siria. Al mismo tiempo, resulta muy provocador, como si se atreviera a traspasar todos los límites.”

23 de enero de 2012, 19:20 hs
Soy Aboud Saeed, el hijo de puta / Cada vez que veo una canilla, la abro y dejo correr el agua / Cada vez que veo el cabezal de un tornillo, trato de aflojarlo / Cada vez que oigo el llamado a la oración, aumento el volumen de la música / Cuando las suelas de mis zapatos se llenan de barro, busco algún mármol impoluto para limpiarlos / Cada vez que veo el trasero de Shakira, critico la nariz de mi novia / Cada vez que alguna chica me borra de su lista en Facebook, yo le doy de baja a cinco hombres.

A 57 personas les gusta esto A causa de la guerra, Facebook ha cobrado en Siria una enorme importancia. Permite intercambiar opiniones disidentes, informaciones que no aparecen en la prensa, organizar manifestaciones o simplemente dar señales de vida. Facebook es una isla de libertad porque el régimen, absorto en sus batallas, ha dejado de controlar la red. Facebook se ha convertido en una nueva plataforma de expresión al servicio de muchos escritores que acceden por primera vez a un determinado público. Vetere observa un verdadero rejuvenecimiento en el ambiente literario: “Durante mucho tiempo, la literatura siria, salvo excepciones, se caracterizó por ser muy académica, tenía una pátina de encierro y vejez. Al parecer, eso está cambiando ahora por acción de cuantiosos bloggers.” Aboud Saeed articula un vínculo entre la literatura tradicional y la nueva: “No tiene escrúpulos para mezclar lenguaje literario y lenguaje coloquial. Al lado de una banalidad sin importancia aparece de pronto una tragedia”.

La frontera entre los temas de gravedad y los temas sencillos se desdibuja, así como se licúa la frontera entre realidad y ficción. La traductora Sandra Hetzl considera que los posts de Aboud “son una documentación literaria de su realidad, donde la ficción ocupa el primer lugar. Lo llamativo de Saeed es que logra ir mucho más allá de Facebook como plataforma, lo usa de manera inteligente, lo transgrede, lo convierte en algo crucial y trascendente, en un instrumento poético.”

24 de marzo de 2012, 16:18 hs
Tumulto: Sobre mi muro hallé una mujer muerta.
Mis amigos de Facebook la rodearon de manera espontánea.
A 55 personas les gusta esto

Un día Aboud anotó en su muro: “Yo soy el más inteligente de Facebook.” Según Sandra Hetzl esta frase nunca fue irónica. Fue “el anuncio de su revolución personal”. Aboud repetiría esas siete palabras con frecuencia, tanto, que se convirtió en el título del libro.

 

Titulo: "En Siria la guerra nos dejó desnudos"
Autor: Gabriela Massuh
Fecha: 23 de Noviembre de 2013
Fuente: Revista Ñ, Clarín


Aboud Saeed logró salir de Siria por invitación de su editorial alemana que le organizó una gira por diferentes ciudades de ese país. El 19 de octubre pasado era su primera aparición en Berlín y dos días antes no se sabía si tomaría el avión en Estambul o si las autoridades turcas y alemanas seguirían exigiendo algún documento adicional para acreditar que iba a abandonar Europa una vez vencido el permiso de seis semanas de estadía.

Por primera vez en mi vida me tocó estar junto a una persona con quien no podía comunicarme en ningún idioma conocido. Saeed habla un poco de inglés (más de lo que aparenta) pero después de la primera frase vira al árabe y allí empieza el abismo. Pensé que esa resistencia a abandonar el árabe era una estrategia para hablar poco. Me asombró su flacura. Las fotos que exhibe en su página de Facebook no dan cuenta de esa delgadez que es fruto no del hambre, sino de la crispación. A pesar de todo tuvo para conmigo una extraña afabilidad expresada más allá de palabras o gestos, era simplemente o casi una inclinación de su cuerpo. Sandra Wentzl, quien lo descubrió en las redes sociales, tradujo al alemán su libro Yo, el más inteligente de Facebook (Mardulce) y editó sus mensajes de Facebook, hace de traductora. Estamos en su precario departamento de Neukölln en una soleada siesta del otoño berlinés.

–¿Por qué sos el hombre más inteligente de Facebook?
–Cuando empecé a escribir en Facebook era un usuario marginal. Me costaba ganar amigos y me sentía permanentemente rechazado como en un estado de orfandad. Eso tienen las redes sociales: te hacen sentir un paria. Ganar amigos fue el desafío y me concentré en elaborar una especie de estrategia en la que increpaba a todos. Un día escribí: “Soy la persona más inteligente de Facebook” y recibí una avalancha de mensajes agresivos. En ese momento supe que había logrado lo que quería.

–¿Qué querías?
–Lo que allí se quiere. Que te miren.

–Eso es bastante narcisista.
–Las redes estimulan el narcisismo. Facebook es la otra vida, es casi más real que la vida vivida. Lo que de mí saben mis amigos de Facebook no se compara con lo que conocen de mí mis amigos “reales”. Mis lazos personales allí son más íntimos que los de afuera. En Facebook hago el amor, me doy el lujo de odiar, de tener angustia cuando alguien me repudia. Y cuando me enojo, ese enojo me dura días.

–En tu libro mencionás una gran cantidad de intelectuales, artistas y activistas del mundo árabe para nosotros absolutamente desconocidos. ¿Te sentís protegido o amparado en esa red?
–Por supuesto. Más que en la familia. Son compañeros de mi revolución personal, esa que se inició cuando decidí ganarme la mayor cantidad de amigos posibles.

–Insistís mucho en la palabra “revolución” para definir lo que pasa en Siria. Nunca hablás de una revuelta, ni siquiera de una guerra civil. ¿Por qué?
–Cuando empezó lo que en Occidente se llama “primavera árabe”, en Siria estalló una revolución. La primera de la historia de este país. Fue tan profunda que con el desarrollo de los hechos, todos se sienten indefensos. Dentro y fuera de Siria nadie sabe qué hacer: la comunidad internacional no lo sabe; yo no lo sé. El rasgo más significativo de esta revolución es su radical incertidumbre y todos la padecen: desde la madre que pierde a su hijo hasta los que han abrazado las armas. En la incertidumbre la gente suele replegarse y recurre a conceptos simplistas para definir situaciones complejas. “Guerra civil” es uno de ellos. Los que se sienten superados por los acontecimientos tienden a minimizarlos y se dicen que hay guerra civil. En Siria no hay guerra civil, hay una guerra y hay una revolución que arrasó con todos los preconceptos, desnudó prejuicios, puso en jaque a las ideologías y nos dejó en carne viva, desnudos.

–¿Cómo sería el triunfo de esa revolución para vos?
–Nadie lo sabe. Yo tampoco. Pero todos los que se quedan en Siria, no importa si recurran a la lucha armada o simplemente intenten sobrevivir en su cotidianeidad, saben que se trata de una revolución. Nadie sabe cuánto tiempo va a durar, nadie sabe cómo será la vida en Siria en el futuro. Vivimos en un tiempo de excepción y nos estamos acostumbrando a la idea de que no tiene fin. Así como la revolución arrasó con el pasado, también puede arrasar con nosotros. No podemos soñar, no podemos imaginar ni desear nada. No ahora, no en esta situación de paréntesis que vivimos.

–No queda claro quiénes luchan contra Assad. Por un lado, están los fundamentalistas como el Frente Nusra (fracción de Al Qaeda), hay una oposición civil armada y una fracción de ex militares. ¿Quién lucha contra Assad más allá de intereses sectarios?
–La fracción que importa es la del Ejército libre de Siria constituida por desertores del ejército y civiles armados. Ellos representarían a la revolución. Todo el resto, tanto islamistas fundamentalistas o terroristas… le hacen el juego a Assad, son sus aliados y están en connivencia con él. Sobre todo el Frente Nusra. Con sus actos sangrientos contribuye a que la gente haya empezado a creer que Assad en el poder es el mal menor. Al mismo tiempo, Assad contribuye a darles una entidad.

–También es confusa la constelación internacional respecto del conflicto. Por un lado, China y Rusia apoyan a Assad y a ellos se suma Irán. Luego, los países del Golfo, EE.UU. y la Comunidad Europea. Todos con grandes divisiones entre sí. ¿Cómo se percibe en Siria la falta de reacción de la comunidad internacional? Desde afuera parece que nadie se quiere meter...
–Yo no soy analista político. No puedo saber –y menos interpretar– qué ocurre entre las bambalinas políticas internacionales. Nuestro pueblo viene de muchos siglos de sojuzgamiento y está totalmente desideologizado. Yo soy parte de ese pueblo. Lo importante es saber que esa revolución va a seguir su curso más allá de quién sea el presidente de EE.UU., de las armas que suministre Arabia Saudita, de los medios. La revolución no es política en ese sentido, ni siquiera tiene un programa demasiado definido. Por ello, la inacción internacional tiene un motivo bien sencillo: la alianza incondicional de EE.UU. con Israel. Como Assad siempre fue funcional a esa alianza, prefieren mantenerlo hasta que Siria desaparezca del todo.

–¿Cómo te convertiste en escritor? ¿Hubo una causa desencadenante o en tu infancia ya pensabas en escribir?
–No sé si soy un escritor. Creo que no, y no lo digo por falsa modestia sino porque estoy lleno de dudas. Dudo mucho de mí mismo. Pero suponiendo que fuera un escritor, creo que me construí a partir del vacío y de la marginación. Soy hijo de todo eso: del rechazo y de la marginación.

–¿Escribís más allá de Facebook?
–No, no escribo más de lo que se lee en Facebook.

–No te creo, te escuché decir otra cosa.
–¿Qué me escuchaste decir?

–Algo sobre una novela.
–A veces hago apuntes, es cierto. Pero siempre los uso en mis posts. Eso es todo. En materia de escritura, para mí todo empieza y termina en Facebook.

–¿Qué sabés sobre la Argentina?]
–Muy poco, lamentablemente. Sé que tiene futbolistas increíbles como Maradona o Messi. Sé que se toma mate y que el cine argentino es muy bueno. Pero es poco y me encantaría que alguna vez me inviten.