prensa François Bon
 

Titulo: La mecánica del recuerdo
Autor: Bibiana Ruiz
Fecha: 30 de Junio de 2014
Fuente: Revista Paco


François Bon (Luçon, Francia, 1953) lleva escritos más de treinta libros entre novelas y biografías. Muchos fueron traducidos a diferentes idiomas pero nunca se publicaron en Argentina porque el español no figuraba entre esas lenguas. En abril de este año, la editorial Mardulce editó la primera traducción al castellano de uno de sus textos. Se llama Mecánica, fue publicado en el marco del Programa de ayuda a la publicación Victoria Ocampo y cuenta con el apoyo del Servicio de Cooperación y Acción cultural de la Embajada de Francia en Argentina.

Para los mayores de cuarenta, la tapa atrapa desde la nostalgia: la imagen de la parte trasera de un Citröen 2CV en sepia, en cuyas ventanillas se reflejan las ramas de un árbol seco. Toda la añoranza de los que pasaron su infancia (o ratos de ella) en algún pueblo del interior viendo a diario pasar un auto emblemático o sentados en los típicos asientos dobles, acompañando al papá o al abuelo en sus paseos. Más allá de los inevitables recuerdos de las personas queridas que ya no están, un picaporte brillante invita a subir, como si las páginas armaran y completaran el resto del auto para el viaje.

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La historia transcurre entre el presente y el pasado de un pequeño lugar llamado Saint-Michel-en-l’Herm, en el cantón de Luçon. El narrador protagonista es uno de los hijos del muerto, que volvió a la casa paterna porque el padre estaba en el hospital. Unos días después, falleció. Ahí comienza su relato apasionado: un viaje a los recuerdos, sensaciones y sentimientos de la niñez vistos por los ojos de un adulto introspectivo, que se plantea interrogantes sobre el paso del tiempo y los cambios que percibe hoy con claridad. Temas como la mecanización de la vida, la industrialización, la irrupción de la tecnología junto con la aparición de los aparatos modernos a lo largo y a través de su vida familiar conforman los puntos altos de su reflexión.

Aunque roza la autobiografía, Mecánica es un relato de ficción escrito como homenaje. El de François al padre, un mecánico hecho y derecho, hijo -a su vez- de un mecánico de pura cepa. Por momentos puede resultar pesado debido a las extensas descripciones (que muchas veces ocupan páginas enteras) o a las detalladas especificaciones técnicas automotrices. Sin embargo, la forma en que está organizado -con mini subtítulos a modo de guía- y el tinte poético de la prosa endulzan para seguir. Además, la traducción de Ariel Dilon no se aleja en ningún momento del característico estilo estético francés.

De un modo un poco más monótono, el libro de Bon recuerda los textos de Juan José Saer, con la metáfora de la creación literaria como silencio y la percepción vuelta imagen. No se trata de una novela triste ni destiñe luto. Más bien todo lo contrario, cuenta de forma experimental lo que genera la muerte en los que quedan y describe la relación padre – hijo en la voz del más joven, a través de la cual salen los desencantos, las facturas atrasadas, los agradecimientos y las valoraciones

 

Titulo: Geometría descriptiva de la infancia
Autor: Débora Vázquez
Fecha: 09 de Mayo de 2014
Fuente: ADN cultura, La Nación


Entre la autobiografía y las referencias automotrices, el francés François Bon paga tributo a la memoria de su padre mecánico, en un viaje veloz de la niñez y la adolescencia

Al igual que su venerado Roland Barthes, François Bon (Luçon, Francia, 1953) sostiene que siempre se escribe sobre uno mismo. Hijo del dueño de un taller mecánico, los títulos de Bon remiten al escenario en el que atravesó su infancia. Tal es el caso de Sortie d´usine, Décor ciment, Temps machine, Paysage fer o Mecánica, la primera de sus novelas traducida al español.
Mecánica es la exploración de un estado de shock, el shock que provoca en el primogénito la muerte del padre. Pese a haber sido escrito durante el duelo, Mecánica no es un libro enlutado sino un viaje inmóvil hacia la infancia y adolescencia de Bon. Un homenaje del escritor a su padre mecánico, que contiene –como en una puesta en abismo– el homenaje de su padre al suyo, otro mecánico de raza. Una posta de hombres que rinden tributo a la máquina y casi no saben lo que es andar a pie: “Mi padre jamás ha sido un caminante, el auto forma parte de su caparazón corporal.” La impronta del libro, no obstante, no tiene nada que ver con la estética brutal del futurismo de principios del siglo XX. Más que el culto a la velocidad, lo que se admira de los automóviles es su resistencia. De ahí la fascinación del padre por la legendaria carrera de endurance: las 24 hs de Le Mans.
Escandida por el deslumbramiento tecnológico ante la aparición de objetos novedosos –el primer lavarropas, el televisor, el viejo radio tocadiscos Telefunken, el grabador portátil Philips, los distintos modelos de la cámara Kodak–, Mecánica es una memoria familiar en que la simbiosis entre la casa y el taller es una constante. Y es también una memoria colectiva que documenta una época –la segunda mitad del siglo pasado– que ya no existe: “la irrupción de la suspensión hidroneumática, y el encendido electrónico o la inyección, suprimían aquello en lo que el mecánico solía trabajar como en un objeto jamás terminado y siempre susceptible de más precisión o de mejoras, transformando el oficio en un simple intercambio estándar de piezas de recambio demasiado complejas para ser cuidadosamente desmontadas sobre un trapo apoyado en el banco, como durante treinta años lo vimos hacer”.
El estilo improvisado, por momentos monótono y de algún modo mecánico, responde a una “escritura sin notas ni preparativos” basada en los recuerdos desordenados y precisos del autor, unas pocas fotos familiares y las catorce carillas en las que el padre de Bon sintetiza su vida. Tal vez sean éstas las páginas más conmovedoras del libro, aquellas que no fueron escritas para ser publicadas y que el hijo exhuma, por pudor; en pequeñas dosis. En ellas el padre habla de si infancia y del orgullo que sentía por el propio padre. Un “artesano firme como un soldado” que, al margen de las responsabilidades del taller, reparaba cuando hacía falta el motor diesel del servicio eléctrico del pueblo, soldaba con soplete los tanques de caseína de la mantequería, y ponía en marcha la amasadora de la panadería en plena noche.
Despreocupado por la continuidad de la escritura y fiel a la discontinuidad con que el mundo es normalmente percibido, el fluir de conciencia de Bon hace caso omiso a las conexiones entre párrafos y no se refrena a la hora de minar las frases con comas cuando –al igual que en un catálogo perecquiano– la enumeración de apellidos o marcas así lo ameritan. El inventario de ciertos interiores es tan detallado que da la sensación de que Bon estuviera leyendo un plano con la yema del dedo mientras escribe: “A la izquierda la cocina oscura, con su puerta amarilla y su estufa, y más allá de tres escalones que dan a una trascocina todo a lo largo, que se abre también al patio de cemento. Y en la cocina esa puerta de madera pintada de amarillo, a menudo cubierta de condensación porque del otro lado, en el taller, hace mucho más frío que en la cocina”. Estas minuciosas descripciones a partir de las cuales cierta crítica quiso ver en François Bon un heredero del Nouveau Roman son por lo menos tramposas, porque lo que ellas provocan no es la pérdida de la identidad en el objeto sino una profunda familiaridad con él.
Más documental que novelesco, Mecánica oscila entre la autobiografía y la biografía de autos. Y en ese juego de palabras se encuentran el padre y el hijo. Y el hijo, que prefiere hacerse niño para recordar mejor al padre, aprende a mirar el mundo desde el interior del parabrisas de un auto detenido, aprende sin querer cierto encuadre del mundo.

 

Titulo: Autopartes
Autor: Ezequiel Alemian
Fecha: 08 de Mayo de 2014
Fuente: Revista Los inrockuptibles


“El taller fue siempre el único y verdadero centro de gravedad de la casa”, dice el narrador de Mecánica, de François Bon, un libro moderno y minimalista en el que, en un mismo movimiento, refiere la historia familiar y el fin de la sociedad industrial.


“La explicación empieza porque se ha roto la tensión”, anota François Bon (Luçon, Francia, 1953) en Mecánica. Cuenta: venía pensando en escribir un libro que se llamase Casas, en el cual solo hubiese narración de interiores, sin otra figura que detalles: muebles, corredores, escaleras, cuartos, disposiciones. Una escritura sin citas ni preparativos. Escribe: “La idea interna de la geometría descriptiva es lo que más me ayudó para avanzar en la lógica compleja que exige la composición de un libro”.
Esta es su primera novela, de 2001. Es un libro que tiende a realizar esa idea de una tensión compositiva que prescinda de explicaciones, de momentos en que el relato se justifica a sí mismo y se inmuniza en su propia inteligencia. Inteligencia que no tiene por qué ser explícita: el minimalismo es la mejor prueba. Aunque mudo, no trabaja en contra de la explicación del relato, sino que es su versión más perfeccionada. Es la explicación pura, sin relato. Es el determinismo. François Bon es un escritor francés. Aprendió de Proust, como diría Peter Handke, “el desorden”. El conflicto de la sucesión es uno de los temas de este libro.
El abuelo del narrador fue mecánico. Se definía como “artesano como soldado” en la inmediata posguerra. También el padre fue mecánico: además de manejar su propio taller, fue responsable de la maquinaria de dragado de los canales de la zona en que vivían y luego concesionario regional de Citröen. “El taller fue siempre el único y verdadero centro de gravedad de la casa”, escribe el narrador, que en algún momento ha emprendido una fuga. Tras varios años de distancia, se reencuentra con la familia para acompañar al padre, internado y sin conciencia, en sus últimos momentos de vida. El padre ha dejado de ir a ver las veinticuatro horas de Le Mans cuando la transmisión por TV mató el dramatismo de la competencia, y dejó de asistir al Salón del Automóvil cuando comprendió que vender créditos se había vuelto más rentable que vender autos. Con sus dedos toscos fue incapaz de tipear en la computadora de su hijo. El fin de la sociedad industrial es otro de los temas del libro.
Sin saber por qué, durante años el hijo ha tomado nota de las explicaciones técnicas que su padre le daba, “en esa lengua de las cosas, muchas veces abandonando los verbos”, fascinado por el respeto con que pronunciaba los nombres de las piezas, por el “deslumbramiento tecnológico de los aparatos nuevos cuando aparecían”, “como si la proeza del fabricante contara más que el uso que uno pudiese darle”. Había en el padre un ensamblaje de la percepción exterior del mundo. El narrador ensayará otro, para contar también el del padre. Mecánica es un libro verdaderamente moderno, que merece toda la atención posible.

 

Titulo: La novela familiar de Francisco el Bueno
Autor: Maximiliano Tomas
Fecha: 11 de Abril de 2014
Fuente: La Nación


Está llegando una buena temporada para los amantes de esa vieja afición, la de leer libros. Dos veces al año las editoriales deciden concentrar parte de lo mejor de su oferta: para las fiestas y ya pasada la sequía del verano y el comienzo de clases, y con la Feria del Libro de Buenos Aires a punto de inaugurar (a propósito: ¿qué pasará con la Feria ahora que le ha nacido una competencia nacional y popular en Tecnópolis? ¿Y qué pasará con Tecnópolis, y con el Encuentro Federal de la Palabra, cuando el kirchnerismo deje el poder? ¿Levantarán en ese inmenso predio un nuevo Italpark?).

Se ha convertido con los años en una suerte de especialista acerca del futuro del libro, signifique eso lo que signifique
En fin, decíamos que hay dos momentos del año cuando muchos de los buenos libros aparecen, y esos momentos suelen darse durante abril y noviembre. Ahora mismo, por ejemplo: hay nuevas ficciones de Richard Ford, Zadie Smith, Iris Murdoch, V.S. Pritchett y Kurt Vonnegut, además de las novelas y libros de cuentos de autores argentinos. Y hay también una novela breve que se llama Mecánica y viene firmada por un tal Francois Bon. Al parecer, hay en la actualidad tres Francois Bon: el peronista, argentino y ecuménico con oficina en Roma; un joven paracaidista y esquiador extremo que puede bajar la cara sur del Aconcagua en menos de cinco minutos, y un escritor francés nacido en Vendée en 1953. Sobre él, y acerca de la aparición de Mecánica, su primera novela en castellano (al parecer, Bon tampoco fue traducido al inglés todavía), es que hablaremos brevemente aquí.

Bon debe haber sido uno de los primeros escritores en el mundo en tener página web propia, en 1997, y al parecer se enorgullece bastante de eso. También se ha convertido con los años en una suerte de especialista acerca del futuro del libro, signifique eso lo que signifique. En todo caso, le preguntan bastante sobre el asunto en algunas entrevistas y suele participar de foros y mesas redondas sobre el libro electrónico y las nuevas tecnologías. En las fotos se parece un poco a José Pablo Feinmann, con esa manera poco privilegiada de envejecer de ciertos rostros, pero con el agregado de esos rizos grises típicamente franceses. Todo lo que no convoca un retrato precisamente alentador. Pero Francois Bon también escribió sobre Bob Dylan, Led Zeppelin y los Rolling Stones. Llegó a la literatura de adulto, luego trabajar en la industria nuclear y de la aviación, y de estudiar filosofía. Y desde entonces escribió unas treinta novelas (muchas de ellas publicadas por Minuit) y ganó algunos premios importantes. Finalmente, Bon acaba de ser publicado en la Argentina por Mardulce, cuya colección de narrativa extranjera (y especialmente sus autores franceses) es, por definirla de algún modo, sorprendente y sofisticada.

Es una novela experimental y tradicional, todo al mismo tiempo
Mecánica es una novela experimental y tradicional, todo al mismo tiempo: trata de la inminente muerte del padre del protagonista (apellidado Bon, como el autor), y la evocación de su figura y del pasado en común que esa situación provoca. Pero aquel pasado familiar está sustentado en la profesión del padre (mecánico de autos, luego concesionario de la Citroen) y en la pasión por las máquinas, los motores y los circuitos que uno legó a otro. Y esa biografía y esos lazos son abordados por el autor a través de una sucesión de palabras disparadoras, significantes alineados como entradas de una enciclopedia, que se van repitiendo a lo largo de las páginas: "voz", "casa", "lengua". O por ejemplo "Noches": "el recuerdo de horas así, detrás del parabrisas, él manejando, en la sucesión precisa de vehículos y de años. Mi madre sentada atrás con el hijo más chico que duerme sobre el asiento, la cabeza sobre las rodillas de ella, las piernas sobre las nuestras, y el olor de los tapizados nuevos del D 21 o el D 23 que nos quedaremos por cuatro meses y que será revendido antes de la aparición del nuevo modelo (...) Esa desaceleración del tiempo, y la perspectiva de la ruta que se ilumina en el haz de los faros, son nuestros juguetes, con el bloque óptico y la lamparita amarilla".

Una narración familiar, entonces, o del desgarro que la muerte genera en la familia, que se despliega como un rompecabezas que el lector debe ir acomodando. Y, a la vez, una novela materialista, que puede ser leída como una historia fragmentaria del automóvil (y de otros objetos y herramientas de un mundo en retirada: relojes, televisores, lapiceras), ese símbolo central en la historia económica moderna. Por detrás, la sombra de las dos guerras que fracturaron al siglo pasado, sus efectos y consecuencias en la vida del pueblo francés. O también, como afirma una frase hacia el final del libro, que funciona como síntesis de Mecánica y que podría haber sido un buen subtítulo: "El mundo delante de uno pero separado, puesto que limitado y embellecido, por el marco del parabrisas"..