prensa Anne-Emmanuelle Berger
 

Titulo: Anne Berger: “Todas nuestras teorías son provisionales, como nuestros esfuerzos por ponerlas en acción”
Autor: Milena Heinrich
Fecha: 29 de Noviembre de 2016
Fuente: Télam


La académica francesa traza un mapa del feminismo y el post feminismo de las últimas décadas en la producción teórica de los Estados Unidos y Francia, en la búsqueda por entender y motorizar un mundo que vive múltiples sexualidades e identidades.

En "El gran teatro del género" la académica francesa Anne-Emmanuelle Berger traza un mapa del feminismo y el post feminismo que ilumina tensiones y encuentros de las últimas décadas en la producción teórica de los Estados Unidos y Francia, una genealogía crítica sobre el devenir de estudios que buscan entender y motorizar un mundo que vive múltiples sexualidades e identidades.

Como una testigo de primera mano de los cruces en uno y otro continente, Berger, profesora en la Universidad de Cornell (Nueva York) y a cargo del Centro de Estudios de Género de Francia, reúne en este libro publicado por Mardulce, con traducción de Dolores M. Lussich, un repertorio vital de desarrollos intelectuales que recuperan aportes del campo del psicoanálisis, la filosofía, la sociología, la antropología y las artes.

Y lo hace a partir de cuatro ensayos que desglosan los aportes de dos "parejas" teóricas: la de teoría del género y teoría del perfomance, y la de teoría del género y teoría queer.

Con ellas como motor, Berger desanda sus contribuciones y limitaciones al momento de disolver el heterosexismo con el binarismo mujer/varón, explicar las relaciones de poder y dominación y ensayar identidades móviles con sexualidades igual de cambiantes.

-Télam: ¿Cómo opera la idea del teatro en el género, en sintonía con el título del libro "El gran teatro del género"?
-Berger: El título, que es una cita de "El gran teatro del mundo" de Calderón, enfatiza la importancia del paradigma del "teatro" y la "performance" en la definición contemporánea del género. Que el género tiene que ver con una puesta en escena no es una idea nueva y encuentra sus limitaciones. Shakespeare formuló esta idea en "Como les guste", cuando escribió: "Todo el mundo es un escenario. Y todos los hombres y mujeres meros actores". He comenzado mi libro tratando de entender las idas y vueltas de la figura del "drag queen" en los comienzos de la teoría, la cultura y la política queer. Judith Butler teorizó en un principio al género como una forma "drag", que era el tipo de vestido largo con que los varones actuaban los papeles de las mujeres en el teatro isabelino...

-T: Para desarrollar esta genealogía retoma las teorías de género de las últimas décadas en un original cruce entre las tradiciones estadounidenses y francesas, gracias a su vínculo con ambas geografías, ¿cómo resumiría la riqueza de esta mirada híbrida?
-B: El campo de los estudios de género y las teorías de las que se alimenta desde la segunda mitad del siglo XX nacieron del encuentro entre las tradiciones intelectuales europeas (especialmente francesas) y las norteamericanas. Desde Simone de Beauvoir y "El segundo sexo" hasta Butler basando su análisis del heterosexismo del feminismo occidental en "El género en disputa" casi por completo en el pensamiento francés, con Levi-Strauss, Lacan, Foucault, Derrida, Beauvoir, Irigaray, Wittig o Kristeva. El término "género" viene cruzando las fronteras entre el inglés y el francés desde la Edad Media, trayendo consigo todas las nuevas significaciones acumuladas en ese tiempo. La palabra "feminismo" que ha sido adoptada por tantas lenguas es originalmente un término francés, que viene de "femme". Uno piensa en el lenguaje, y gracias al lenguaje. El feminismo del siglo XX ha hablado innegablemente en "frenglish", y de ahí mi prolongado interés por esa alianza intelectual. También me vi interesada en el tema por cuestiones personales. He vivido y enseñado en los Estados Unidos por casi 23 años. Llegué al país en 1984, al tiempo que la teoría francesa alcanzaba su punto de mayor influencia. Volví a Francia en 2007, cuando estos mismos estudios, y especialmente la teoría literaria francesa, estaban en franco retroceso. Imagine mi estupor cuando, después de haber asistido a la creación de la "teoría francesa" en los Estados Unidos, vuelvo a Francia para presenciar el crecimiento de los estudios de género y allá lo llamaban un "invento americano". Por mi lado, luego de casi 35 años de pensar los temas del campo de los estudios de género, cuanto más sé, menos certezas tengo. La teoría no es inmune a los sucesos de la propia historia, y tengo una mayor conciencia de la contingencia de nuestras formulaciones en este terreno.

-T: En los Estados Unidos la teoría queer surge para discutir a la teoría de género. Sin embargo, tal como desarrolla en el libro, la teoría de género ha sido, y a pesar de no concebirse así, siempre queer, ¿qué significa esto?
-B: La teoría queer ha sido articulada como tal en los tempranos '90 en los trabajos de pensadores radicados en los Estados Unidos y defensores de las minorías sexuales como Butler, Teresa de Lauretis o Eve Sedgwick. En consecuencia se entiende que se desarrollaron bastante después de las teorías de género, a veces como una crítica a las primeras ideas de género del feminismo temprano. Cuando digo que las teorías de género han sido siempre queer me refiero a que las primeras teorizaciones sobre la disyunción entre sexo y género hechas por John Money y Robert Stoller en los años 50' y 60' buscaban explicar la fractura entre las ideas de sexo y género provocada por los fenómenos del intersexualismo y el transexualismo. Con esta irrupción, la línea entre sexo biológico y género asumido psico y socialmente por un individuo se había roto. Desde entonces, ya no se pudo asumir el género de un individuo a través de su sexo o características sexuales. De eso se trata la teoría queer. Lo que dice es, precisamente, que la sexualidad, como el género, no puede ser definida por las características sexuales innatas. Más aún, cuando Money y Stoller teorizan sobre esta disyunción, también abren el camino, aunque sin buscarlo, a la respuesta queer acerca de la concepción binaria del género. De ahí surge la insistencia de los estudios queer sobre la posibilidad de la existencia de una multitud de géneros y sus beneficios sociales. El género fue y sigue siendo una palanca conceptual para el giro queer dado por el feminismo y la teoría feminista.

-T: En el libro recupera la teoría de Butler para valorizar sus aportes y señalar algunas limitaciones, como la falta de explicación de la dominación de un género sobre los otros. A su entender, la subversión gay no es suficiente para cambiar el statu quo del heterosexismo ¿cómo pensar una teoría sin estos binarismos?
-B: La teoría queer es en sí misma un campo heterogéneo, y también lo son las políticas queer. En el trabajo de Butler existen tensiones irresueltas. Por un lado, ella empezó haciendo una crítica de lo que consideraba como un apuntalamiento heterosexista del feminismo occidental. Pero al mismo tiempo defendía la legitimidad y los logros de las luchas feministas. Como las políticas queer se enfocan sobre todo en la transgresión cultural y la interrogación de las normas sociales, y dejan de lado la lucha contra los efectos de la dominación masculina sobre las mujeres, es cierto que el reclamo queer puede no ser suficiente desde una perspectiva feminista. Personalmente, me gustaría recuperar la fuerza deconstructiva del cuestionamiento queer sobre el binarismo de género, sin renunciar a la posibilidad, y el placer, de afirmar a las mujeres en formas diferentes y hasta ahora nunca vistas.

-T: A la luz de estos ensayos reunidos, ¿cómo sintetizar ese cruce geográfico de teorías académicas?
-B: No estoy segura de tener algo así como una síntesis con respecto a la trayectoria del feminismo y la teoría y política queer en la actualidad. Tengo intereses, preguntas, y algunas preocupaciones. Creo, por supuesto, en la posibilidad de un mundo más rico, libre e igualitario para las mujeres, los varones y todos nosotros. Lo único que puedo decir con seguridad es que en estos temas no existe una palabra definitiva, ni un estadio final a la vista. Todas nuestras teorías son provisionales, como lo son nuestros esfuerzos por ponerlas en acción. Encuentro la contingencia de nuestras especulaciones y esfuerzos desafiantes y reconfortantes. Es un incentivo para seguir pensando y nunca descansar en nuestras certezas o, peor, en nuestros dogmas, sean nuevos o viejos.

 

Titulo: La gurú mundial de género: "El feminismo está más vivo que nunca"
Autor: Martina Putruele
Fecha: 29 de Noviembre de 2016
Fuente: Infobae


"El mundo entero es un escenario, y todos los hombres y mujeres meros actores" quizás sea una de las frases más citadas de William Shakespeare. Proviene de su obra "As You Like It" (conocida como "Como les guste" en la región), una de sus comedias más populares, y llevada a la pantalla grande por Kenneth Branagh en el 2006. En esta pieza se tratan temas como los juegos de identidad, la fluidez del género y la interacción entre los sexos. El personaje de Rosalinda se disfrazaba de hombre, y Phoebe se enamora de ella al confundirla con un caballero. Además, estos personajes eran antes interpretados por hombres ya que no se les permitía a las mujeres actuar en escenarios públicos. No extraña entonces que sea una de las piezas más estudiadas por los académicos que investigan la teoría del género.

Simone de Beauvoir decía que no se nace mujer, se llega a serlo. Hoy, en un mundo moderno con múltiples sexualidades e identidades de género, los estudios de género son más importantes que nunca. Estos se concentran en el análisis de la identidad y su representación. Son interdisciplinarios, y abarcan los estudios de la mujer -sus políticas y feminismo-, del hombre y de la teoría queer, un área post-estructuralista de estudio que nació en los años '90. Sus mayores influenciadores fueron Judith Butler, Lauren Berlant y Leo Bersani, entre tantos otros.

Anne-Emmanuelle Berger es una académica francesa que en su nuevo libro "El gran teatro del género" (Mardulce) traza un mapa fundamental para comprender las nuevas formas de la sexualidad contemporánea, desde la figura de la drag queen hasta la transexualidad, más allá del punto de partida que implica nacer hombre o mujer. Fue profesora durante más de 20 años en la prestigiosa Universidad de Cornell de Estados Unidos, y hoy es directora del Centro de Estudios de Género en Francia, su postura es tan polémica como académicamente centrada, y logra darle un giro sorprendente al estudio de género y de las nuevas sexualidades al plantear la puesta teatral y el género de la dramaturgia como escenarios de análisis de diversas dinámicas que impulsan el deseo.

Se trata de un ensayo apasionante y fundamental que sirve para desentrañar las diversas teorías de género. Resume de manera eficaz y simple los diversos aspectos del campo, y presenta una genealogía crítica de sus grandes precursores, y de los íconos y figuras de la literatura como Roxanne de Daniel Defoe, que rompieron esquemas y se convirtieron en protagonistas del estudio en la actualidad. En diálogo con Infobae, Berger explica cuáles son los puntos más importantes de la teoría de género, y por qué la teoría queer es la gran protagonista del nuevo feminismo.

“El gran teatro del género”, de Anne-Emmanuelle Berger (Mardulce)
“El gran teatro del género”, de Anne-Emmanuelle Berger (Mardulce)
-¿Cómo se relaciona el mundo teatral con la teoría del género?

-Hubo dos personas que elaboraron la teoría de género. Una de ellas fue John Money, un médico que se especializaba en la intersexualidad (que antes solía llamarse hermafroditismo). Él entendía que no se podía inferir el género de un intersexual a través de su sexo y por eso creó la noción de género. Teorizó la distinción entre género y sexo. Y pensó el género como un rol. Para él, el género tenía que ver con la que manera en la que uno actuaba, como hombre o mujer, la manera en la que a uno le enseñaban a actuar, por lo que desde siempre tuvo que ver con el teatro. Y luego, por supuesto, Judith Butler presentó en los '90 la noción del género como una performance. Aquí, de nuevo, aparece la idea de la actuación, pero yo creo que ya estaba instalada en Estados Unidos una larga tradición de considerar el género como un rol.

-¿Cómo cambió la concepción de drag queen a lo largo del tiempo?

-La drag queen es una figura de la movida estadounidense, y lo ha sido ya por un largo tiempo. Creo que la primera performance drag es de principios del siglo XX en Estados Unidos. Era un tipo de teatro popular en donde los hombres gay actuaban de mujeres, y, al actuar, creaban una distinción entre sexo y género, que era una manera de identificarse con las mujeres. Pero lo que ocurrió, en especial luego del advenimiento de lo que fue llamada más tarde la teoría queer, es que se comenzó a considerar a la drag queen como una figura paradigmática, precisamente porque personifica la disyunción entre sexo y género.

La lucha por los derechos igualitarios está más viva que nunca (iStock)
La lucha por los derechos igualitarios está más viva que nunca (iStock)
La idea de la teoría queer es que no existe una conexión necesaria ni natural entre género y sexo, por lo que las drag queens se convirtieron en íconos de género, y ésa es la razón por la cual se teorizó al género como una forma de drag, que comenzó a considerarse una manera de entender y representar el significado de género.

-Y las primeras drag queens fueron los actores…

-Exactamente. La noción de "drag" proviene del teatro isabelino, y aquí uno tiene de nuevo una conexión entre género y teatro. La noción de género y de dramaturgia. "Drag" era una gran capa que usaban los actores varones en el teatro isabelino. Eran capas largas que utilizaban los hombres cuando actuaban los roles de mujeres, porque en la época de Shakespeare se prohibía que las mujeres actuaran en lugares públicos. No las dejaban actuar. Entonces los hombres actuaban en todos los papeles.

-La teoría queer es un campo relativamente nuevo que comenzó en los '90. ¿Cómo se originó?

-Se origina de la teoría de género. No habría teoría queer si no hubiera habido primero estudios de género, la teoría de la distinción entre sexo y género, ya que la queer nació de las mentes de pensadores que provenían de minorías sexuales, y que negaban la idea de que la heterosexualidad fuera algo natural, y que había una atracción natural entre los sexos opuestos. Así que se basaron en la noción de género pero agregaron una inflexión, porque para muchos académicos de la teoría queer el género es importante, pero lo que agregaron fue la impugnación del dualismo y binarismo. La idea que presentaron fue la de que una vez que uno rompe la conexión entre género y sexo, no hay ninguna razón que impida tener una multiplicidad de géneros, y no sólo el femenino y masculino.

La diversidad de género en el centro del debate (Shutterstock)
La diversidad de género en el centro del debate (Shutterstock)
-¿Cómo se relaciona el feminismo con la teoría de género?

-Al principio, cuando fue elaborada en los '50 y '60, la teoría de género no era feminista. Fue elaborada por médicos que lidiaban con pacientes intersexuales, pero más tarde el feminismo comenzó a apropiarse de esta separación, ya que le parecía útil porque era una manera de cuestionar la naturalidad de la desigualdad entre sexos.

Para las feministas, la distinción entre sexo y género coincidió con la distinción entre naturaleza y cultura. La idea era que la desigualdad era un fenómeno cultural y social, y no era dada de manera natural. No era dada por el hecho de nacer mujer o varón. Pero esta apropiación feminista comenzó recién a principios de los '70 con el advenimiento del movimiento de liberación femenina en Europa occidental y Estados Unidos.

-¿Cree usted que hoy en día el movimiento feminista está en crisis?

No, no diría eso. Creo que el movimiento feminista pasó por muchos momentos, muchos aspectos. El feminismo queer es una manera de poner al feminismo en crisis porque cuestiona el tema del feminismo en sí. Es decir, cuestiona la idea de que las mujeres sean una categoría unificada y universal. Pero, por otro lado, veo en la Argentina que el movimiento feminista está muy vivo. La verdad es que me impresionó mucho lo que pasó en Rosario el fin de semana pasado. Y el mundo es de tal manera que es algo bueno que el feminismo continúe. Se puede diversificar, puede haber diferentes teorías pero creo que el feminismo está más vivo que nunca.

 

Titulo: Teoría y práctica del feminismo
Autor: Cecilia Macón
Fecha: 20 de Noviembre de 2016
Fuente: Ideas, La Nación


¿Cómo hablar de un libro como El gran teatro del género, que aspira a ser prolijo en su análisis pero que se ve afectado por la necesidad imperiosa de "hacer hablar"? ¿Cómo hacerlo, además, cuando se trata de un necesario repaso de la transformación que sufrieron los estudios de género para "devenir" en los últimos años teoría queer?

Autora de obras como El banquete de Rimbaud, la feminista Anne-Emmanuelle Berger (Francia, 1958) encontró como espacio propio aquel que conecta -pero también divide- la tradición teórica francesa con la norteamericana. Formada en la crítica literaria, fue profesora en la Universidad de Cornell a partir de 1984, en el momento de mayor impacto del posestructralismo de sello galo sobre la academia estadounidense. Al volver a Francia en 2006 -donde fundó el Centro de Estudios de Género de la Universidad de París-VIII- fue testigo del modo en que la teoría elaborada del otro lado del Atlántico convulsionaba las discusiones en su país. Esta circulación de ideas resulta el acertado punto de partida del libro.

El argumento central de Berger es claro: a lo largo de estas décadas, sostiene, el desplazamiento de los estudios de género hacia la constitución de la teoría queer -encarnada en autoras como Judith Butler o Eve Kosofsky Sedgwick- generó un alejamiento de las demandas feministas. A lo largo de cinco secciones, la autora lleva al lector del diálogo franco-americano -constitutivo de un feminismo supuestamente sometido al "giro Lgbtiq" y su preocupación por la sexualidad más que por el género- a debates concretos como la conceptualización de la prostitución como trabajo sexual.


Foto: LA NACION
Restaurando la influencia de autores que entiende poco citados (el más que cuestionable John Money, Robert Stoller o Esther Newton), Berger refleja las disputas internas del feminismo contemporáneo así como el modo en que las concepciones foucaltianas del poder fueron moldeando -y a veces demoliendo- su productividad. Por cierto, no deja de señalar la importancia de la "teoría de la performatividad", los argumentos de Butler que subrayan que el género es una "performance o imitación de un ideal normativo". En su recorrido, Berger suma las voces masculinas de Georg Simmel, Jacques Derrida, Karl Marx y Jacques Lacan para avanzar sobre sus interpretaciones algo pedestres de nociones clave como "melancolía", "experiencia" y "resistencia".

Según la autora, la teoría queer puede ser entendida como una crítica inmanente a la de género: las objeciones desplegadas a ciertos modos de ejercer el feminismo por concentrarse en una mujer heterosexual, blanca y burguesa abrieron una discusión centrada en la desestablización de las identidades y de la idea misma de subjetividad, que hizo a un lado sus exigencias de emancipación. Se trata de una interpretación posible, aunque también podría señalarse que esos giros políticos, justamente, potenciaron el feminismo.

Más allá de ciertas formulaciones extrañas -como la referencia a las "fantasías" de las personas trans-, Berger obliga a preguntarse por su uso de una noción tan trillada como la de "posfeminismo" para objetar a autoras como Butler o Wendy Brown (una caracterización a la que ninguna de las acusadas adhiere) "por dedicarse a la política y no al feminismo" (sic). Si bien distingue entre el posfeminismo -sostenido por quienes entienden que los objetivos del movimiento ya han sido realizados- y el (pos) feminismo -el de quienes se dedican a teorizar lo político-, en su texto la distinción poco a poco se diluye.

En El gran teatro del género, la autora busca disolver la narrativa progresiva que sostiene que los inicios del movimiento feminista son versiones empobrecidas de la sofisticación actual, representada por los estudios de género/sexualidad. Sin embargo, aunque el objetivo pueda ser saludable, resulta difícil encontrar en los argumentos que Berger objeta un alejamiento de los propósitos del movimiento feminista. Su aspiración, ése es el problema de fondo, apunta a volver al pasado como un lugar tranquilizador.

 

Titulo: Escenarios del nuevo feminismo
Autor: Florencia Angiletta
Fecha: 19 de Noviembre de 2016
Fuente: Revista Ñ


El libro El gran teatro del género, de la pensadora anglofrancesa Anne-Emmanuelle Berger, puede leerse como un manual que problematiza la historia de los feminismos occidentales. En este sentido, el libro recorre varias de sus principales tensiones: la diferencia sexual y la teoría del género, la posibilidad o no de regular la prostitución y el devenir del concepto de performance. Anne-Emmanuelle Berger visitó la Argentina para presentar su libro, de publicación reciente por la editorial Mardulce en una rigurosa traducción de Dolores Lussich.

–¿Cómo se puede pensar hoy la potencia de la drag queen (transformista)?
–Como sostengo en El gran teatro del género , la práctica de travestirse es un fenómeno antiguo que ha existido siempre en las culturas occidentales, incluso más en las culturas no occidentales. Cuando la filósofa Judith Butler emergió con el análisis de la drag , tomó prestada esta idea de la antropóloga Esther Newton, que había estudiado el cross-dressing (travestirse) en Estados Unidos. Hoy la diferencia es que estas prácticas no afectan sólo a los varones sino también a personas de sexo femenino que se visten de varón o incluso están en transición hacia otro género. Butler vio en la drag una figura paradigmática de lo que ella estaba proponiendo: el género no como una cuestión de esencia sino de performance. La drag acentúa el personaje de ficción y muestra que el género es un juego que se inventa, se pone en escena, se actúa. En este sentido, Butler sigue a cierta línea de la sociología estadounidense, suma la fuente lacaniana –porque Lacan sostuvo que como seres hablantes somos seres de ficción– y la drag posibilita también reencontrarse con el placer de los estados polimorfos de la infancia: pensemos que a los niños y niñas les encanta disfrazarse.

–¿Cuáles son las principales distinciones entre “feminismo”, “género” y “sexualidad”?
–En principio, hay que distinguir entre un feminismo antes y un feminismo después de la teoría del género. La palabra “feminismo” es de origen francés y se inventó a finales del siglo XIX. En sus orígenes, el feminismo estuvo ligado a la mujer y a los movimientos de lucha contra la desigualdad y la dominación masculina. Después, a fines de los años setenta, hubo un cambio en la historia del feminismo cuando la noción de “género” –acuñada por John Money y Robert Stoller– fue apropiada y resignificada por pensadoras feministas del mundo occidental anglófono. Este cambio implicó cuestionar el feminismo como lucha de las mujeres, para las mujeres, en tanto mujeres. La distinción entre “género” y “sexo” puso en crisis el hecho de definir ser mujer con ser de sexo femenino. Y al hacerlo, el género se transformó en la herramienta conceptual más importante en el campo de la teoría posfeminista. Al mismo tiempo, en palabras de Butler, el género ayudó a reconocer que la mujer blanca, heterosexual y de clase media no es el único sujeto legítimo del feminismo. En definitiva, la teoría del género es el nombre de esta crisis dentro de los feminismos. Asimismo, en Europa occidental y en Estados Unidos los movimientos de liberación de las mujeres de los setenta se preocuparon mucho por la sexualidad, ya sea en cuestiones de salud reproductiva como también de derecho al placer. Luego, en los años noventa, la sexualidad comenzó a retornar a nivel político y teórico. Sin embargo, en este retorno hubo una fricción porque la idea de sexualidad no dependía ya del dualismo sino que estaba conectada a una potencia, que podríamos llamar queer , en la cual la sexualidad se desliga del hecho de pertenecer a un sexo o al otro.

–¿Asistimos a una época en que “todo es performance”? ¿Cómo circunscribir la potencia de este concepto?
–Performance se presenta hoy como el último concepto que nos va a ayudar a entender el fenómeno social. En realidad, es una nueva forma de nombrar una idea muy antigua: ya Shakespeare dijo que el mundo es un escenario. Y este enfoque supone una construcción y, si hay una construcción, allí cada cual representa sus papeles. Es interesante volver a Shakespeare porque ya él mismo señalaba que lo primero que está pensando como ejemplo paradigmático del escenario son las relaciones de género. Es cierto que en la actualidad el término “performance” parece una idea fácil de usar, adaptable para significar muchas cosas. Esto siempre es un riesgo. Por ello, cuando veo que estas nociones, o incluso las de género y sexualidad, se usan de un modo simplificador y totalizador creo que es necesario parar y tomar distancia analítica. Y entonces puede ser momento de cambiar de escenas y de lenguajes. Volviendo a Butler, su concepto de performance, tal como lo explico en el libro, tiene dos significados que siempre están en tensión en su obra. Por un lado, la performance se relaciona con la teatralidad, con los papeles teatrales, la representación, el escenario. Por otro lado, la performance también se vincula con la lingüística, en especial con la lectura que Jacques Derrida hizo de la teoría de los actos de habla de John Austin. Para Austin, un performativo es un acto de habla que de alguna manera hace lo que dice, por ejemplo, en el caso de la promesa. Cuando Derrida retomó esta idea de performatividad quiso señalar que frente a lo que en Austin parece una especie de poder demiúrgico del lenguaje, se trata en realidad de una repetición. Cada vez que se dice “sí” se están repitiendo todos los “sí” anteriores. En ese sentido la performatividad para Derrida es siempre una cita, es del orden de la citacionalidad.

–Has compartido exposiciones con intelectuales argentinos en el workshop “Los viajes de la teoría”, organizado por la UBA. ¿Cuál es la lectura de este momento de los feminismos en la Argentina?
–Es difícil, estuve unos pocos días, pero me ha interesado mucho todo lo que he visto y oído. Puedo hacer dos señalamientos. Por un lado, las y los académicos argentinos se basan en los mismos textos y en las mismas figuras que las y los académicos de Europa y Estados Unidos. En ese sentido, hay un contexto global del feminismo en los círculos académicos y se puede decir que la Argentina forma parte de esta conversación mundial. Por otro lado, también he notado particularidades locales, o incluso regionales. En primer lugar, el problema de los femicidios y cómo abordarlos desde el plano político, pero también desde el plano teórico e intelectual. En segundo lugar, me ha llamado mucho la atención que todavía haya mujeres que vivan en casas ajenas en el trabajo del cuidado, incluso en casas de la clase media. Esta dinámica sugiere que las relaciones entre mujeres tienen que ser forzosamente diferentes respecto de países en los cuales no hay mujeres que vivan en la casa de otra y cuiden a sus hijos.

–A partir del cruce entre capitalismo y feminismo que se propone en el libro, ¿resulta posible pensar en el “trabajo sexual”?
–El debate entre abolicionismo y reglamentarismo es un debate candente y, al mismo tiempo, antiguo, porque es una discusión típica de las modernidades. Sólo a partir del Estado moderno puede pensarse en reglamentar la prostitución y las prácticas sexuales en general. A la vez, es una cuestión moderna porque plantea la pregunta de la libre voluntad de la persona que se prostituye. Por muchas razones, varias argumentadas en el libro, creo necesario tomar una distancia crítica. No estoy a favor ni en contra de ninguna de las dos posiciones porque les veo problemas a ambas. Lo que sí me interesa es reflexionar por qué la prostitución es un tema tan polémico en el campo del feminismo occidental. Una de las explicaciones es que la figura de la prostituta propone dos lecturas: la primera es la cuestión de la víctima, considerar a la prostituta una víctima de la pobreza, de la explotación y de la dominación masculina; la segunda posibilidad es la cuestión de la heroína, considerar a la prostituta una figura abyecta, pero para convertir los rasgos negativos del estigma en una suerte de heroización. Dependiendo de si la prostituta es vista como víctima o como heroína hay diferentes tratamientos políticos y tareas posibles de los feminismos. Este debate, en cierto modo, refleja las contradicciones y dificultades que los feminismos están atravesando hoy en día.