prensa Sofia Kovalévskaya
 

Titulo: Desde la nada
Autor: Luciana de Mello
Fecha: 23 de Diciembre de 2016
Fuente: Radar Libros- Página 12


“Di lo que sabes, haz lo que tienes que hacer, sé lo que tienes que ser”. Es el año 1888 y los miembros de la Academia de Ciencias de París, una de las instituciones más prestigiosas de la época, quedan perplejos ante el título de ese trabajo maravilloso que revolucionará la investigación de astrónomos e ingenieros. Por fin alguien ha resuelto el problema sobre el movimiento del trompo. Sí, uno de los juguetes más antiguos cifraba el misterio sin resolver: todos los puntos de un trompo que gira están en movimiento, excepto la punta de la aguja con la que el trompo toca el suelo. Este trabajo viene a explicar lo que los anteriores no han llegado a comprender respecto del lento desplazamiento de un cuerpo a una alta velocidad de giro. La búsqueda de esta respuesta no es una mera curiosidad de laboratorio, sino el pie para lograr avances en las investigaciones tanto sobre movimientos planetarios como de nuevos modelos de bicicletas. Tanta es la influencia del hallazgo en las ciencias como en la industria, que los franceses deciden subir el monto del premio de tres mil a cinco mil francos. Al momento de abrir el sobre que revela el nombre del autor ganador del premio, los señores de la Academia de Ciencias leen: “Sofía Kovalévskaya”, la mente maestra que los ha hipnotizado es la de una mujer. “Di lo que sabes, haz lo que tienes que hacer, se lo que tienes que ser”. Ese nombre de mujer, ahora fuera del sobre, producía a su vez otro movimiento: estaba convirtiendo el título de la obra en una declaración política. Porque para llegar a ese premio Sofía tuvo que salir de la casa paterna en un matrimonio arreglado. A los dieciséis años ya formaba parte del movimiento nihilista ruso, en el que muchos jóvenes aceptaban casarse con mujeres para que pudieran estudiar y viajar fuera de Rusia, ya que solo podían hacerlo con el consentimiento del marido. Una vez en Alemania, su inteligencia deslumbró a los más grandes matemáticos de la época que al tomarla como discípula sabían que en poco tiempo se enfrentarían a tener que compartir su espacio con una igual. A pesar de eso, incluso luego de haber ganado reconocimiento fuera de Rusia, jamás le dieron trabajo en su país. Sí, en cambio, fue la primera mujer catedrática en la historia cuando la Universidad de Estocolmo le dio un cargo. Hoy hay premios y universidades y hasta un cráter en Saturno que llevan su nombre en homenaje, sin embargo se conoce poco de su obra literaria (en Argentina es la primera vez que se la traduce) y más allá de un par de biografías que en general se contradicen en los datos históricos, no es casual que fuera Alice Munro quien la inmortalizara en su cuento que da título al libro Demasiada felicidad. Munro se concentra en los últimos días de vida de Kovalévskaya y utiliza fragmentos de su diario en los que la rusa reflexiona sobre el amor de pareja, la maternidad y la lucha de las mujeres por alcanzar aquello que entendemos por felicidad.

Una nihilista es lo último que escribe antes de su precipitada muerte a los 41 años, y tanto su prosa como los temas que abarca llaman la atención por lo actual. Esta novela, que es sin duda una novela generacional, es al mismo tiempo una reflexión vigente sobre el tamaño, el peso y el valor de las causas, y más particularmente: de las causas por las que una mujer elige dar la vida. Hay dos mujeres que se cruzan en esta historia: la protagonista y su narradora. La primera, Vera Baranstov, es una muchacha de provincia que llega desesperada a San Petersburgo en busca de ayuda. La mujer a quien acude –la narradora– es una científica que acaba de volver al país tras terminar su doctorado en Alemania y se encuentra disfrutando del reconocimiento y de la vida pública. Sin embargo, el goce de lo logrado dura poco cuando se ve interrumpido por esa chica que llega hasta su puerta esperando una respuesta certera de su parte: necesita ser útil a una causa, su vida personal no tendrá sentido si no encuentra esa lucha por la cual vivir. El relato comienza entonces a ser el de la vida de Vera Baranstov, hija menor de una familia de terratenientes caídos en desgracia tras la abolición de la servidumbre. Son los últimos tiempos de la Rusia zarista, en los que Alexander emancipa a los siervos como intento desesperado de atajar la revolución que se le viene encima. A su vez, recrudece la persecución ideológica contra todo aquel que demuestre cualquier atisbo anti-sistema, y los nihilistas estarán en la mira de los verdugos. La influencia de un maestro, el amor que le despierta, su encarcelamiento y temprana muerte convertirán a Vera en una militante infatigable que buscará llegar hasta las últimas consecuencias para servir a la causa que eligió. Su amiga, la narradora, la acompaña con pesar en este camino que ha decidido seguir y aunque las acciones sacrificiales de Vera le resulten extremas, se siente continuamente interpelada por la opción de vida de esta joven. Esa mirada, la de la mujer emancipada y científica de la época que recorre los últimos días de Vera Baranstov antes de ser deportada a los campos de exterminio de Siberia, es la que le aporta a este texto del siglo XIX la hondura y contemporaneidad de un clásico. Porque lo que se está preguntando es hasta cuándo se puede sostener la batalla, hasta qué punto tiene sentido dar la vida por una causa. En algún momento del relato, la narradora le advierte a Vera que como mujer, la pelea se libra concurriendo a la universidad. El movimiento de mujeres en los pasillos de la academia es intenso y necesario, tal vez la única manera de ser escuchada y respetada por los hombres. Pero Vera se ríe frente a esa idea: existe demasiada opresión en las clases bajas como para conformarse solo con eso. El relato plantea estas preguntas de manera sutil, lejos de la bajada de línea y desde la evocación del encuentro amoroso entre dos mujeres que, viniendo de la misma clase privilegiada, deciden rebelarse de maneras diferentes. En ese sentido, es probable que en esta historia Kovalevskaya haya entablado un diálogo con su admirada hermana mayor –también escritora y amiga cercana de Dostoyevski– quien participa activamente de las comunas de París de 1871 y decide ser encarcelada junto a su marido cuando lo condenan a prisión por comunero, dejando atrás su carrera literaria para dedicarse de lleno a la lucha armada.

A pesar de que Una nihilista tuvo que sortear serios problemas de censura en su país natal, fue publicada en Suecia y en Rusia en 1892, un año después de la muerte de Sofía Kovalévskaya.

 

Titulo: Leer para atrás: las mujeres que tomaron la escritura como profesión
Autor: Soledad Rodillo
Fecha: 29 de Noviembre de 2016
Fuente: Fundación La Fuente


Soledad Rodillo se sumerge en estanterías de bibliotecas de universidades o en anaqueles de librerías bonaerenses para encontrar esos libros escritos por mujeres hace más de cincuenta o cien años. Así, da con relatos de protagonistas con ansias intelectuales, pero oprimidas por el aristocrático yugo paterno o historias de amor que se debaten entre vírgenes perfectas o trabajadoras emancipadas. Estos títulos — que podemos encontrar en fotocopias o reediciones— nos sirven para hablar de los cambios que ha experimentado el rol de la mujer durante estos cien años y de lo mucho que queda por avanzar.

mariaflora
Lucía Guerra Cunningham incluye a María Flora Yáñez (foto) dentro de aquellos textos referentes a los Movimiento de Liberación de las Mujeres, debido a que trata al matrimonio como sinónimo de «mortal hastío», un sacramento que a principios del siglo XX se asociaba a la ideología conservadora de la sociedad chilena. Fuente: Wikipedia. Crédito: Memoria Chilena

Hace un tiempo tuve un trabajo perfecto. Un trabajo donde tenía que leer novelas escritas por mujeres latinoamericanas entre fines del XIX y la primera mitad del siglo XX, y buscar referencias culturales para una investigación que llevaba a cabo una querida profesora de la Universidad de Chile. Y así fue como leí —en fotocopias o en ediciones viejas— decenas de novelas de Norah Lange, Clarice Lispector, Graziella Garbalosa, Paulina Medeiros, Marta Brunet y María Flora Yañez (Mari Yan), entre varias otras, y me fasciné con estas primeras mujeres que se tomaron la escritura como una profesión.

En estas novelas uno se encuentra con protagonistas femeninas inquietas: que leen, que escriben, que admiran y desean ciertos espacios que tienen los hombres, como son las bibliotecas, los escritorios, las conversaciones políticas, y que se sienten reducidas y hastiadas de los espacios domésticos que les tenían asignados. Novelas sobre mujeres que leían, escribían, vivían intensamente y luchaban por sus ideales: como Clarisa, la protagonista de la novela de Mari Yan Espejo sin imagen (1936), para quien su cuaderno de escritura era el “verdadero tesoro” de su vida, o como Adelaida, de la novela Más arriba está el sol (1931) de la cubana Graziella Garbalosa, que encuentra en la lectura a “su más querida maestra y amiga consejera” y para quien la libertad de la mujer está afuera de la casa —en el arte, en la política, en la vanguardia—, y que siente que debe rebelarse como una Lenin “de faldas hogareñas” antes de morir entre los “paredones” del hogar.

Novela Estudiantes
Novela lA gozadora del dolor
Novela Narkis

Muchas de estas novelas de estas mujeres precursoras y revolucionarias se encuentran en bibliotecas y en archivos, en fotocopias y en internet. También en reediciones actuales que han hecho editoriales independientes — como la que hizo hace unos años Beatriz Viterbo Editora con la obra de Norah Lange— o investigadoras como Carolina Alzate, en Colombia, o Natalia Cisterna, en Chile, que en este último tiempo han recopilado y publicado las obras completas de escritoras fundamentales de sus países como son Soledad Acosta de Samper y Marta Brunet, respectivamente.

Hace unos días, en la librería Libros del pasaje, en Buenos Aires, encontré un libro que no puede resistir de llevar: Una nihilista, de la matemática Sofía Kovalévskaya (1850-1891), la novela que escribió la científica y escritora rusa en 1890, un año antes de morir de neumonía, y que acaba de ser publicada por la editorial Mardulce.

Sofia-Kovalevskaya
Sofia Kovalevskaya fue la primera matemática rusa de importancia y la primera mujer que consiguió una plaza de profesora universitaria en Europa (Suecia, 1881). Fuente: Wikipedia.



La autora, famosa por su teorema de Cauchy-Kovalèvskaya, y menos conocida como escritora, nos introduce con esta novela en la Rusia de fines del XIX, con todos sus cambios sociales, y nos regala una protagonista de antología, Vera, criada en el seno de una familia de ricos empobrecidos, con unos padres que le niegan todo tipo de formación intelectual, y que es educada —casi por casualidad—por un vecino mayor con quien descubre el mundo de la lectura y del pensamiento. Y claro, Vera se enamora, sufre, deja su casa y llega a San Petersburgo a luchar contra la opresión que sufren los rusos y a romper con todas la convenciones sin importarle el riesgo que corre su vida, llegando incluso a casarse con un prisionero político exiliado en Siberia con tal de seguir una causa. Una historia increíble, escrita por una mujer que también fue como una heroína literaria —de hecho su biografía inspiró el cuento “Demasiada felicidad” de Alice Munro—, una escritora que rompió con todas las tradiciones al tener que casarse con un hombre que no conocía solo para poder salir de Rusia e estudiar en la universidad en París en una época donde las mujeres solteras de la alta sociedad tenían prohibido vivir solas en el extranjero. Vera, la protagonista de la novela Una nihilista, es “una chica más interesada por la política que por el amor”, escribe Alice Munro en su cuento; parafraseándola, también podríamos decir que su autora, Sofía Kovalèvskaya, estaba más interesada en su escritura y en sus investigaciones matemáticas que en su vida sentimental.

Sara Gallardo
Tras algunos años de olvido, después de su temprano fallecimiento, Sara Gallardo actualmente es considerada uno de los grandes nuevos clásicos de la literatura argentina

También del 2016 es la reedición de Pantalones azules por la editorial Fiordo, una novela de la escritora argentina Sara Gallardo (1931-1988) que vuelve a publicarse 50 años después de su primera edición, y que nos lleva a la Argentina de mediados de siglo, a los prejuicios sociales y religiosos; y a una historia que pone en evidencia el machismo latinoamericano y la sociedad patriarcal donde el protagonista, Alejandro, de familia tradicional y católica, se debate entre dos mujeres: su novia —virgen, de buena familia y con una madre que nunca la deja a solas—, y una mujer judía que le atrae sexualmente, que trabaja, vive sola, pero a la que también menosprecia por su religión. Una historia que suena un tanto cliché pero que exhibe los prejuicios con los que debían convivir hombres y mujeres hace un tiempo atrás. Prejuicios que todavía no se han eliminado del todo, y que nos hablan de mujeres indefensas y dependientes, que son más respetadas por los hombres; y de mujeres independientes y autosuficientes que parecieran intimidarlos.

Una nihinilista
Pantalones azules fiordo
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Leer novelas de escritoras del pasado, en fotocopias, archivos o en estas maravillosas reediciones que aparecen cada cierto tiempo, nos hace recordar cuánto hemos avanzado las mujeres en la sociedad y en el espacio literario. Pero también nos hace ver cuánto más falta para hacernos más visibles, para que la profesión de escritora sea más que un pasatiempo, para que la vida profesional de la mujer sea considerada tanto o más importante que su vida personal a los ojos de los demás. Leer para atrás nos sirve para leer el futuro: las historias cambian de época, de lugar, de país, pero la lucha de las mujeres por hacerse visibles es la misma desde hace mucho tiempo.