prensa Silvina Bullrich
 

Titulo: Enredos telefónicos
Autor: Gustavo Pablos
Fecha: 24 de Febrero de 2012
Fuente: La Voz, Córdoba


Una mañana, después de despertarse y conservando los restos de un sueño con imágenes difíciles de descifrar, Clara Costa de Aguilar, paqueta mujer de la clase alta porteña, recibe un llamado telefónico y la amenaza de extorsión por parte de una protagonista indirecta, lateral, de un pasado ya lejano.

Este episodio pone en movimiento la historia de Teléfono ocupado, novela breve de Silvina Bullrich editada inicialmente en 1956, una comedia fresca y de trazos delicados donde el teléfono y el apremio por comunicarse a través de él construyen un mundo paralelo en el que sus protagonistas desovillan las idas y vueltas de sus vidas.

Clara ha encontrado en el teléfono la extensión perfecta de su voz y de su oído, y sus días se terminan ajustando a lo que pueda decir y escuchar en su “salón telefónico” (“-Pero todo puede ser dicho por teléfono, señorita, todo. Yo digo todo por teléfono y eso nunca me ha traído la menor molestia. Para serle franca creo que fuera del teléfono jamás he pronunciado una sola palabra, salvo alguna orden a la cocinera-”). Sus amigas también son víctimas y victimarias de un aparato que de a poco las fue absorbiendo hasta el punto de que esta sociabilidad “espacial” es la única que admiten: Elisa, la más susceptible ante cualquier eventualidad que pudiese interrumpir la charla, siempre le habla para que sus mañanas pasen más rápido; mientras que Beatriz, de quien dice que “su ciencia telefónica es mucho más profunda y refinada que la mía”, con pases mágicos sabe instalar temas y esquivar confesiones delante de terceros sin cambiar de idioma.

La narración alterna entre el presente del día de la llamada extorsiva y el recuerdo del pasado de Clara en Nueva York, donde conoció a Pedro Alonso, un hombre de quien estuvo muy enamorada y al cual le había destinado las cartas que ahora la convertían en víctima de una estafa. Una circunstancia adversa para un presente en el que el amor y la vida compartida con Simón, su actual esposo, le otorgan una satisfacción a la medida de sus exigencias. Y Clara, que no quiere perder lo que ha conseguido y que considera digno de ser conservado, se propone luchar para que la amenaza quede encapsulada en la dimensión virtual de un par de conversaciones telefónicas.

En Teléfono ocupado está gran parte del mundo de Bullrich, el de la burguesía y la clase alta urbanas, ese mundo que observó y registró mostrando críticamente sus principios y costumbres, y que en algunos casos, como en Los burgueses, le permitió convertirse en un éxito de ventas cuatro o cinco décadas atrás. Con un lenguaje rápido pero preciso e inteligente, la autora teje una trama sencilla pero contundente que revela las oscilaciones de una clase y de una época: sobre un fondo de lujos, pompas, mucamas y chismes, un inquietante llamado telefónico puede traer la voz que interrumpa la tranquilidad y ponga en movimiento los pasadizos secretos de la conciencia.

 

Titulo: Bullrich, una voz en el teléfono
Autor: Claudio Zeiger
Fecha: 08 de Enero de 2012
Fuente: Radar, Página 12


Silvina Bullrich escribió muchos, numerosos libros, demasiados a criterio de algunos que no le perdonaron haber sido en los años ‘60 no sólo de las escritoras argentinas (así, en femenino, el subrayado es nuestro) más prolíficas sino también, y sobre todo, más vendedoras. Quizá la más vendedora. Y por eso no deja de tener un encantador gustito a paradoja y revancha que su novela Teléfono ocupado salga por una no menos encantadora editorial independiente cuyo espíritu está lejísimos de la maquinaria Bullrich. En la contratapa del libro, con acierto, se marca que este texto “puede leerse como la antecesora de un mundo que no es ajeno al de Puig, de un estilo que roza aquello que luego se llamaría pop”. Pero hay que advertir que no toda la producción de Bullrich tiene tanto charme.

Supo transitar registros más descarnados, y en general una visión ácida de “los burgueses”, esa deformación materialista de la aristocracia. Pagó el precio de su fama con la expulsión del Parnaso del prestigio y los intercambios simbólicos entre estéticas diferentes. Ella era un animal literario y se protegió detrás de un velo de ferocidad irónica. Tajante, poco tierna, poco amable. Se mostraba vulnerable cuando le convenía, para después dar el zarpazo que demostrara que era capaz de manejarse sola, de vivir sola, de ser una escritora sola. Y Teléfono ocupado no ignora ese espíritu de Bullrich, si bien lo muestra muy reprimido entre líneas.

Teléfono ocupado es una comedia de enredos con leve tono policial, muy al estilo de las películas argentinas de los años ‘40, donde todo se arreglaba entre mohínes y se restauraba al final un orden que había sido suavemente alterado. La verdad es que esta breve novela publicada en 1956 no elude el tema central no tanto de la obra sino de la vida de Bullrich: el dinero. Cómo tenerlo y cómo no perderlo. Qué comprar con él. La pesadilla de llegar a no tenerlo. El precio que hay que pagar por tenerlo. La protagonista, felizmente casada, recibe un chantaje de la secretaria de su ex amante. Ella posee unas cartas que la comprometerían. Pero el chantaje sólo tiene sentido a raíz de que ella heroicamente tuvo que ocultarle a su actual marido quién fue su amante, no por un tema de pacatería o moralina. Esta trama se desarrolla con brevedad y precisión bajo la forma de una comedia digna de guionistas experimentados.

En las primeras páginas encontramos esas frases y observaciones tan Bullrich, graciosas y enervantes. “Todo puede ser dicho por teléfono, señorita, todo. Yo digo todo por teléfono y eso nunca me ha traído la menor molestia. Para serle franca, creo que fuera del teléfono jamás he pronunciado una sola palabra, salvo alguna orden a la cocinera.” O una bien típica: “Sólo los pobres creen que las joyas tienen valor. No, las joyas son como los vestidos, las pieles, valen cuando se las compra, no cuando se las vende”.

Teléfono ocupado. Silvina Bullrich Mardulce 86 páginas
Como en casi todos sus libros, en Teléfono ocupado hay un acento en las costumbres, los modos y modas de un sector de clase que ha viajado, que tiene comidas y fiestas casi a diario, que ostenta un cierto mal gusto y que se pone bajo una lupa divertida que nunca termina de ocultar una napa de resentimiento y amargura. Como en casi todos sus libros, sobre todo los de los años ‘60 en adelante, éste sería un poco precursor, hay un afán por captar lo nuevo, lo moderno, y someterlo a una mirada de perspicaz observadora sociológica, donde la idea de clases antagónicas siempre está en tensión.

Bullrich no fue en vano sinónimo de best-seller nacional, porque logró poner en el centro de interés de sus lectores el imaginario, precisamente, de sus lectores. En Teléfono ocupado casi les susurra al oído, como si les hablara en un tono levemente chantajista al auricular, los pros y los contras de su intimidad; un mundo de esposos y esposas que se toleran, que tienen o tuvieron amantes, que reciben regalos y premios por hacer las cosas bien desde el punto de vista de los protocolos sociales. Los lectores de Bullrich la creyeron de una forma –sofisticada, muy rica, caprichosa y cruel–, y ella nunca los desmintió. Les devolvió espejos en los que sus lectores no tranquilizaban su conciencia sino que se veían más bellos y maledicentes, un interesante pacto de lectura en una época de masas lectoras que se llevaban puntualmente a fin de año el nuevo libro de Bullrich a la playa.

Quizá la sola publicación de esta breve novela feliz no alcance a un nuevo lector de Bullrich para tener una dimensión de su obra, compuesta por más de cincuenta títulos muy buenos, buenos y regulares pero, salvo algunos pocos, no decepcionantes. Aunque es un buen arranque y quizá se puedan reeditar más. ¿Por qué no Escándalo bancario, o Los pasajeros del jardín, o la más famosa Los burgueses? O quizás haya que seguir rastreándola en las librerías de saldo y de viejo, donde aparecen de tanto en tanto, como si las bibliotecas familiares de hace más de veinte años no terminaran de derramarse sobre las librerías de Corrientes y Avenida de Mayo.

Bullrich, incompleta y siempre polémica, esta vez nos llama por teléfono.

 

Titulo: Una lágrima en el teléfono
Autor: Mauro Libertella
Fecha: 28 de Diciembre de 2011
Fuente: Revista Ñ, Clarín


Que una editorial nueva, independiente, de corte más bien literario, reedite un libro de Silvina Bullrich de 1956 es un gesto que merece ser leído como un modo de asignarle un nuevo signficado a una zona de una obra que el tiempo ha cristalizado con los estigmas del best-séller y que, a su modo, ha pasado a un plano silencioso, cercano al olvido. Las tramas editoriales no son neutrales: si bien hay una instancia de la textualidad pura que siempre será autónoma y más fuerte que su contexto, no es lo mismo un relato como Teléfono ocupado publicado, por ejemplo, en la Sudamericana de los cincuenta, en la Emecé de los ochenta, en la Planeta de los noventa o en una editorial como Mar Dulce en 2011. Ya en la contratapa, los editores puntualizan que la obra de Bullrich es “un itinerario cargado de recodos, desvíos, e incluso olvidos. Pero también de felicidad. Como la que depara esta novela”. Así, la operación es esa: recortar esta breve nouvelle de la marea de la bibliografía de Bullrich y conferirle una especie de excepcionalidad, un carácter insular.

Las conversaciones

La historia es la de una mujer burguesa y ociosa que una tarde recibe un llamado extorsivo. Del otro lado de la línea, una mujer le dice que tiene unas cartas que ella le habría escrito a un amante en Nueva York hace unos años, y que si no le da una suma fuerte de dinero las daría a conocer, haciendo tambalear así la tranquilidad y el statu quo de su almidonada vida en pareja. Así, el teléfono como elemento disruptivo aparece ya en las primeras páginas de este relato exquisito, y vertebra de un modo elocuente la casi totalidad de la trama. Se podría decir que Teléfono ocupado es una novela de conversaciones sin conversaciones. Tiene algo del universo de Manuel Puig, sin dudas, sobre todo en la voluntad por erigir una narración sobre la base de los restos, los fragmentos de la oralidad y los ecos, pero si Manuel Puig usufructuó como nadie el diálogo como recurso narrativo y única marca de estilo visible, Bullrich emprende el camino opuesto para llegar al mismo lugar. Teléfono ocupado es una novela de conversaciones donde los diálogos están prácticamente elididos e impera en cambio un narrador personalísimo, introspectivo, apasionado y neurótico, que concreta las experiencias interiores en el texto con una prosa elegante, ágil y punzante. La novela es al mismo tiempo el auge y la decadencia de la figura del narrador.

La primera edición de este libro salió a la calle en 1956, un año después de la caída del peronismo. El dato de época no es casual, porque si bien no es una novela política en el sentido más directo o visible del término –no es una novela sobre la política, habría que precisar–, cada línea es un retrato social y de las cavilaciones de una clase, en algunas ocasiones de un modo deliberado y en otras a su pesar. Contemporáneo a “Casa tomada” de Cortázar, este relato admite, si se quisiera, una lectura crítica análoga: la burguesía se siente amenazada por el nuevo sujeto que visibilizó el peronismo, pero esa amenaza es amorfa e intangible, innombrable (unos ruidos al fondo de una casa patricia; una voz difusa en el teléfono). Los burgueses es, además de su libro de mayor repercusión, su gran novela sobre los esplendores y las miserias de una clase social argentina, pero Teléfono ocupado, por abordar el tópico de un modo más elíptico y refractario, termina por armar un mapa más descarnado y feroz de la burguesía argentina a mediados del siglo XX. Es, por lo demás, un libro precioso, de historia milimétrica y ejecución maestra.